JOSÉ PICÓ.

IX ENCUENTRO NACIONAl APFRATO 2018 – GRANADA

JOSÉ PICÓ

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José Picó – Twitter

“CONSTRUIR TIRANDO LADRILLOS”.

ESPECIA – EL CLAVO

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Humanista y arquitecto. Dedica el 90% de su tiempo a actividades sin ánimo de lucro.

“Las cinco pieles” de HUNDERWASSER:

1. La epidermis,

2. la ropa,

3. el hogar,

4. el entorno social y la identidad, y

5. el entorno mundial, Ecología y Humanidad.

La paradoja de la percepción

“Versatilidad”. Palabra que debe definir los nuevos espacios.

“Design thinking”. 

 

“¿Qué podemos hacer nosotros?”

Falta presupuesto en la escuela pública. No hay “colaboración”/ acuerdo entre la dirección y el equipo docente. HAY QUE HACER PEQUEÑAS TRANSFORMACIONES EN NUESTRAS AULAS. Un ejemplo básico:

“Leds”. Evitar fluorescentes en el aula ya que está demostrado que perjudican al cerebro. Es cierto que la inversión es cara ya que el coste es mayor. A la larga, el menor consumo de luz se reduce y se amortizan.

En el aula, una manera de aumentar la sensación de frescor en verano es cubrir los cristales con papel celofán en colores fríos (azules, violetas…) Por el contrario, para aumentar la sensación de calidez se cubren con colores cálidos (rojo, naranja, amarillo…)

Bibliografia recomendada:

  • “El Principito”. Antoine de Saint-Exupéry
  • “Los innovadores”. Walter Isacson.

Película:

  • “Los chicos del coro”. Bruno Coulais.

Autores/investigadores recomendados:

  • David Sousa. Neurología/neuro educación.

18 de Julio de 2018 y coincidiendo con el centenario del aniversario del nacimiento de Nelson Mandela.

Gracias José Picó.

Neuroeducación en la Infancia.

La semana pasada asistía a la formación ofrecida por Educatio y llevada a cabo por el profesional Jesús C. Guillén.

A Jesús tuve al placer de conocerle en Granada, en el IX Encuentro de APFrato. Hay que decir que guardo un magnífico recuerdo de todos y cada uno de los formadores que, durante aquel fin de semana, nos hicieron sentir como auténticos niños. Un poco como los niños que corrían por los pasillos y que llevan cada año a cabo toda la organización del evento. Éramos niños entusiasmados, atentos, bailando, cantado, sin pestañear, sin querer ir al baño para no perdernos ni un solo detalle de lo que se estaba cociendo en aquella inmensa sala del hotel Barceló Granada. Porque éste es otro cantar; Granada. Este cantar da para otra entrada. Porque en Granada tengo mis mejores recuerdos en familia y, ahora también, un pedacito de mí. Mi sobrino Enric está cursando la carrera de Historia desde el curso pasado. Y no se puede ser mejor persona y estudiante, mejor hijo, sobrino, nieto y primo.

Así pues, no quiero desviarme de la conversación y volver a Jesús C. Guillén. Del mismo modo que en Granada, asistir a cualquier actividad formativa que él plantee está llena de aprendizaje y motivación garantizadas. Por temas personales, que Xavi conoce, solo asistí al segundo día de la formación. Xavi es el director de Educatio y gestiona los cursos con todo el cariño y dedicación del mundo.

Durante ese miércoles, pude disfrutar junto al resto de asistentes, bajo una estructura grupal de trabajo cuidada al detalle, a la presentación de los temas:

– el cerebro motor,

– el cerebro cognitivo y

– el cerebro social.

Encontrar a una compañera del Grupo Experto en Educación Emocional en el Ámbito Escolar fue la guinda del pastel. Encantadora persona que, embarazada de varios meses de su tercer hijo, se muestra entusiasta y feliz como la niña que fue; como las niñas que fuimos. Me recibe con una sonrisa, me busca asiento a su lado, cerca del grupo que ha estado disfrutando junto a ella de la realización de técnicas grupales diversas.

Y como niñas, como la de la foto que aparece a pie de mi Blog, pasamos cinco horas maravillosas, irrepetibles o no. Porque espero encontrarme de nuevo con ella, con Jesús C. Guillén, con todos los que este día caluroso de julio nos encontramos mirando con los mismo ojos, con la misma Mirada, con el mismo objetivo.

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Gracias a Educatio y, especialmente, a Xavi. Gracias a Jesús C.Guillén. Gracias a Maria José.

Estar en casa.

Esta noche ha vuelto a suceder. Sueño mucho, mucho. Curiosamente, y como mi marido me pregunta con una gran imaginación y fantasía innatas, respondo que no son sueños fantásticos. Son reales, con personas reales, en situaciones reales. Límite, pero reales. No salen monstruos, no salen robots; no mato a nadie, no muere nadie. Y sí. El intento, el trasfondo, la idea, la vivencia, la experiencia, lo sentido subyace en el fondo. Es tan simple como sentir los efectos secundarios de una medicación que aún sostengo unida a la emoción vivida al mirar un programa en TV3 ayer noche, con el cual me identifico, me siento feliz. Siento que ser como soy ha sido duro. Que me ha costado y les ha costado muchos esfuerzos y sacrificios a todos los que han vivido conmigo.

El detonante de mi enfermedad es fácil saberlo. Las causas también. No hace ninguna falta recordar, solo ver la luz al final de Mordor, cuáles son las causas y pensar en ellas antes de ver el segundo rayo de sol, como me recomendó la psicóloga (poco acertada a mi parecer) y a la que no volví. Tengo que decir a su favor que me ayudó a hacer un dibujo. Un dibujo al que yo le di todos los detalles y que no fui capaz de poner nombre. Hice la metáfora perfectamente. La sentía en mi alma cada día del mundo durante casi un año. La representaba de todos los modos posibles y la podía identificar. Ponerle nombre era la más difícil. Era reconocer que aquello que me había mantenido fuerte se estaba derrumbando. Era mi casa.

Recuerdo que entraba en ella y solo veía los defectos: la brecha en la pared, la pequeña humedad en el pequeño lavabo, las juntas de un suelo perfectamente instalado. Cosas que jamás me habían preocupado porque dentro tenía al tesoro más preciado que tengo. Mi familia.

Mis hermanos, superados por la situación y hartos de ella, me recordaban trucos para salir adelante. Trucos que sabía de maravilla porque eran tan simples como los que, durante la misma enfermedad de mi padre, usábamos en casa instruidos por una madre superviviente.

Visto en la perspectiva y pudiendo hablar de ello, qué fácil es lo fácil cuando se está bien. Y que difícil resulta hasta respirar cuando se está mal.

Este curso me apunté a un Grupo Experto. Máster le llamaba yo. Que me da igual, que no hay malicia, que no hay intención de mentir. Es que no me salía el nombre. Incluso lo escribí en mi currículum. Ahora lo esccribo bien cuando me acuerdo. Cuando no, se queda igual. Porque quien me conoce sabe que no miento. Y quien no me conoce ya me preguntará si de verdad merece la pena conocerme. Con mis fortalezas y con mis debilidades. Se necesita tiempo, sí. Pero soy trasparente, muy trasparente. Y más sencilla que el mecanismo de una radio. Solo hacen falta ganas y tiempo. En eso, Jordi mi marido, sí que tiene un Máster. No reconocido por ningún Ministerio de Educación. Pero reconocido por sus hijos, que es lo que a mi familia le vale.

Ayer noche volví a soñar. Y esta mañana volví a pensar. Porque soy de pensar; que le voy a hacer. Porque aunque como dice un dicho catalán “Pensar fa de ruc” (pensar hace de burro, el animal) Porque si piensas y no haces nada mejor, no pienses y quédate tranquilo. Pero a mí no me sale. Bueno, no me salía hasta ahora. Estaba educada en la ley del silencio. Ahora no. Porque no puedo enseñarles a mis hijos una cosa y hacer otra. Porque somos el espejo en que ellos se miran y beben. Porque ya he callado demasiado. Porque ahora me toca a mí. Porque ya no soy la última, ni la tercera, ni la segunda. Soy la primera. Porque si yo no vivo no veo vivir a los míos. Y yo los traje al mundo. Ellos no me pidieron venir. Así que quiero verles en todos los momentos. No perderme ningún detalle. No perderme ningún segundo más.

Ayer coincidí con una compañera del Grupo Experto. Un dulce, una maravilla. Encantadora. Como dice mi marido. Como dicen mis hijos cuando conocen a alguien que les llega al corazón.

Ayer volvía a acordarme de todos y cada uno de ellos. Como la tarde antes mientras descargaba las fotos en el ordenador. Y me acordaba de C.A.S.A. El acrónimo del curso que tantas veces usamos entre nosotros para recordarnos como debemos sentirnos ante las situaciones que nos desbordan.

Y sí. Hay que sentirse en casa. Y en C.A.S.A. Porque es en casa y con C.A.S.A. que nos sentimos mejor. Que podemos querer mejor. Que podemos enseñar mejor. Que podemos ser como somos. Porque eso es lo que nos hace diferentes. Porque ser diferentes nos hace especiales. Porque ser diferentes es lo mejor que nos puede pasar. Aceptarlo es solo cuestión de tiempo. A veces, hacen falta pesadillas.

Bienvenidas las pesadillas si sabemos aprender de ellas.

Gracias a todos mis compañeros del Grupo Experto en Vinculación Emocional Consciente

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Gracias a mi familia. Gracias a casa y a C.A.S.A.

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Nos llueven los invitados.

Si algo nos gusta en casa junto con estar juntos, valga la redundancia, son los animales. Llevo una lucha con ellos, la típica de todas las familias, por “evitar” que entre en casa un gato. Me venden la moto de que son autónomos, que no necesitan salir de casa, que son muy limpios…

Todo lo que me explican lo sé. Porque si alguien me hizo un día el regalo que vale por todos los regalos, fue mi padre presentándose en casa con una gatita blanca, joven y asustada a la que llamamos Nina (muñeca en catalán) Ella fue para mí eso, la muñeca que jamás antes me habían regalado. Era arisca con quien no conocía y protectora y dulce, aunque distante a momentos, con los de casa. Nos enseñó más que las visitas al zoo de los niños en primaria y todos los programas de la 2. Observarla en movimiento era un placer para la vista. Los movimientos felinos son dignos de mirar y analizar. La sutilidad y gracia te dejan ensimismado. Ni la mejor película o serie son capaces de mantenerme tan absorta como un gato en movimiento.

La gatita creció y nos salió viajera. El instinto natural, digo yo. Se lanzaba a aventuras por las casas de los vecinos. Muchas veces desaparecía durante uno o dos días, para volver negra como el carbón y asustada. Las primeras ocasiones nos tuvo con el alma en vilo. No sabíamos si volvería hasta que nos mostró que no podía reprimir el instinto de conocer cosas nuevas pero que su casa era la nuestra.

Y sucedió lo natural. Se presentó preñada. La maravilla de traer al mundo un ser vivo en casa; en vivo y en directo, sin youtubers ni documentales. Explicarlo me llevaría días, porque no recuerdo acontecimiento más dulce hasta el nacimiento de mis sobrinos y, posteriormente, mis hijos. Me enseñó, sin hablar, como se cuida, se ama y se protege incondicionalmente.

Saltando en los años, prefiero no pensar cuántos, vuelvo a este fin de semana. Una vecina. La vecina, la hermana, la maestra, la referente, la tía de mis hijos, la educadora incondicional… me pide si nos puede dejar a Aura, su perrita blanca, en casa un día porque tiene que ausentarse. Si no puedes me lo dices, sin compromiso Mercè. Y yo sonrío en silencio, se me alegra el alma como no hacía días. Pienso en mi hija, en sus deseos. En lo fácil que es complacerla aunque ella aún no lo sabe. Y le contesto que sí, que solo tiene que decirme cuando la trae. Pero eso sí; que no se lo diga a nadie en casa que es una sorpresa.

De este modo, ayer se presentó mi hijo mayor con Aura en casa. La perrita lo adora, le conoce más que a nadie de la familia porque ha pasado interminables horas en su casa, estudiando, jugando, aprendiendo de la vida con Pau. Y Marta la ve, y se le ilumina la cara. Abre sus enorme ojos oscuros todavía más. Pensaba que no era posible. Y sonríe. Está feliz. Tiene todo lo que una niña de casi diez años desea un fin de semana de julio no demasiado cálido pero algo tedioso. Convertirlo en el mejor día en mucho tiempo, como ella misma dice; como dice su padre. Un fin de semana en casa, con la familia, con juegos de mesa, de palabras encadenadas, de agua en el patio con una manguera y un cubo, con su padre al que adora, con su hermano al que idolatra, con su abuelo al que respeta y empieza a conocer, y conmigo… Espero que me quiera solo la centésima parte de lo que la quiero yo a a ella.

Y es que últimamente nos llueven los invitados. Será porque tenemos algo más de sitio en casa. Es posible. No lo sé. Lo que si sé es que Aura está a gusto y tranquila, feliz. Y eso solo lo dicen los ojos de un animal.

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Gracias Aura, Mari Carmen. Gracias familia.

Hoy me quedo con el amor.

Venía de Barcelona tan centrada en las noticias de la radio, llevaba todo el día sin oír las noticias, que incluso me he desviado en un cruce equivocado. Hecho que he aprovechado para probar rutas alternativas, sin prisa, sin el miedo que antes me producía perderme por la ciudad condal. Justo con el sentimiento contrario, de indagar, de descubrir, de control.

Ha sido entonces que, recitando a mi estimada Mari Carmen, llamemos causalidades y no casualidades, los pensamientos todos variados y diversos confluían como si el hilo invisible de mi experiencia tejiera una historia común alrededor de ellos.

Salía del Hospital de Sant Joan de Déu de un curso de actualización en el manejo de Trastornos del Aprendizaje. En ese momento, la noticia que radiaban era acerca de la polémica surgida sobre el trasplante de hígado de un jugador de fútbol y las extrañas circunstancias que, de repente, salen a la luz a través de unas escuchas enviadas a un medio de comunicación. En ese momento, mi cabeza llena a rebosar de información sobre las dificultades de Aprendizaje, diagnósticos, intervenciones, medicaciones, hoy ha tocado TDAH, y sobre las buenas vibraciones y humanidad que el equipo médico formador de Sant Joan de Déu trasmite; que mi mente se enfrenta a la dicotomia de la duda que levanta la noticia sobre el presunto dudoso trasplante y sus circunstancias, y la de ética de los profesionales sanitarios que la realizaron.

Automáticamente, viene a mi memoria una experiencia desagradable, no comparable en dimensión a la del jugador de fútbol, que viví en un Hospital Público de Sabadell hace poco más de tres meses. Situación que recuerdo con un nudo en el estómago a pesar de la morfina que me suministraron para calmar el dolor producido por la protusión discal que sufro, motivo por el cual acudí a urgencias, y para paliar los dolores detonados por un antiinflamatorio que me inyectaron en vena, previo aviso por mi parte de que me producía tremendas migrañas tal sustancia. Recuerdo como el dolor no remitía ni en mi espalda ni en mi cabeza; y como aumentaba el dolor en mi alma ante el trato inhumano y despersonalizado que nos suministraban a los enfermos que allí esperábamos alivio.

Fue ante los comentarios irrespetuosos lanzados al aire y cargados de intención, intención de queja por las malas condiciones en las que los profesionales de la sanidad trabajan en estos tiempos de crisis y recortes; pero quejas mal gestionadas y enviadas a oídos de receptores inadecuados, por desvalidos y por desautorizados en tales competencias. Fue ante palabras cargadas de cinismo y menosprecio que decido tramitar una queja. Fue a partir de ahí que mi dolor acababa solo de comenzar. Espero en breve, tener el valor de tramitar la queja formal y legal a la autoridad competente y a los medios de comunicación adecuados. Porque sé que aquel día “rodaron” cabezas en el Taulí; sí, las menos culpables, los cabeza de turco. Y también sé que aquel día, allí, unos profesionales me mostraron su lado más deshumanizado; el lado que un enfermo jamás debe llegar a ver.

Hoy, me quedo con las palabras, el consuelo, las sonrisas, los puentes tendidos a la esperanza, a la recuperación, a la comprensión del ser humano… del equipo de formadoras del Hospital de Sant Joan de Déu de Barcelona. Hoy me quedo con el amor.

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Gracias a Cristina Boix, Elisabeth Saudes, María Garau, Montse Guitet, Cristina García, Anna Valenzuela, Montse Arellano, Anna Mesas, Encarna Calderón, Cristina Carmona, MªTeresa Nascimento, Bet Ristol, Esther Ochoa, Roser Colome, Marta Valls.

La magia de escribir.

Hace unas semanas, cómo pasa el tiempo, asistí al IX ENCUENTRO DE APFRATO.

Por circunstancias que prefiero no recordar, no pude asistir a las primeras ponencias de la tarde del viernes. Entre ellos estaba José Antonio Marina. Y es ahora que me quedo sin palabras porque siento el vació en mi corazón.

La “pérdida” de conocimiento que sentí en ese momento solo me quedó compensarla comprando este libro. Podría haber comprado otros; pero la espinita clavada la tenía con éste. Porque ahora que intento escribir este Blog como puedo: con cariño, con pasión, con buenas intenciones, con poco tiempo… con ilusión; sentirle a él hubiera sido la mejor clase magistral de mi vida.

Cuando puse los pies en el hotel donde se llevó a cabo el evento, su voz despidiéndose y agradeciendo al publico sus aplausos incesantes, llegaba hasta el hall. No había nadie por los pasillos; nadie quería perderse su presencia, sus palabras, sus consejos. Me sentí, sin poder evitarlo, tan resentida con la persona que no permitió que tomara el avión de las tres de la tarde y haber llegado antes a Granada, que preferí no entrar en la sala. Me dirigí al mostrador y me uní a la escasa cola de personas que dejaba las maletas, y me obligué a no pensar que había dejado pasar un tren. También me prometí a mi misma, que era el último por motivos parecidos. Porque hay motivos y motivos trascendentes  que en este momento de mi vida permiten que haga o no cosas. Y justamente, los razonamientos / argumentos de esta persona no entran dentro de esas categorías.

Leído el libro y ahora con más palabras, más fuerzas, más ganas; que no todo el conocimiento y aptitudes para escribir que debiera tener y que espero conseguir con el tiempo, si más no intentarlo, solo me queda recomendaros la lectura de éste y cualquier otro libro de J A Marina. Y esperar, yo estoy en ello, que os toque algún día la varita de “La magia de escribir”.

Siento por J A Marina decirle, ahora que nos oyen pocos, que soy bastante tozuda y persistente, y que encima tengo una edad para tener las ideas bastante claras. Así que “rezo” para encontrar el día en que pueda sentarme en la última silla de las enormes salas que acostumbra llenar, para escuchar sus palabras. Porque leerlas ha sido como abrir la caja de los truenos. Y ahora, de mi cabeza brotan planes que antes no hubiera siquiera imaginado. Y aviso, soy muy, muy tozuda Marina.

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Un pequeño libro. Un gran regalo para el alma de los que algún día soñamos que podríamos escribir.

Gracias JA Marina y María de la Válgoma.

Dossier de fin de curso.

Hoy toca mirar el dossier de fin de curso en casa.

Hace solo unos días, lo hacía con mis chicos en el colegio, entre nervios, guerras de agua en el patio, momentos en busca de calma, sonrisas nerviosas… 

Yo no recuerdo de todo esos momentos. Llegó una edad en que el colegio no me gustaba, me aburría, no me sentía cómoda con los compañeros de mi edad. Pero como me dice a menudo mi hijo de 17 años, siempre acabo hablando de mí. Y es que es lo único que puedo explicar sin mentir. Hablar de los demás comporta el riesgo de cometer errores, de no ser precisos.

En mi escuela, de educación especial, el final de curso es también especial. A la alegría por la llegada del verano, se unen la separación de lo conocido, a la rutina, a aquello que cambia previa anticipación. La vuelta en septiembre para nuestros alumnos, hasta que no llevan unos años con nosotros, no forma parte de la rutina. De esa rutina que da seguridad, esa emoción tan importante que les permite aprender, crecer, confiar, amar.

Y hablando de emociones y de dossieres de final de curso, me encuentro en casa con el de mi hija de 9 años, Marta. Lleva en casa, justo hoy, hace una semana. Y porqué será que para los educadores los dossieres de nuestros hijos se quedan siempre para el final. Este año no ha sido diferente; pero no he dejado pasar el mes de junio. No me parecía justo. Ella también se lo merece.

Me paro ante un ejercicio, un pequeño escrito, una descripción física de un personaje a partir de una foto y cuatro datos. El típico ejercicio de libro de texto de lengua. Me llaman la atención los detalles que da; será porque la conozco. Porque sé que atraviesa las cosas con sus enormes ojos negros y no se queda en la superficie. No. Llega hasta el alma, aunque sea de una foto. Está escrito en catalán y dice así:

Las semillas de la vida.

De físico, me lo imagino moreno y con algunos rizos, bastante delgado y con la cara redondita, alto y sus ojos color café. Creo que es muy, pero que muy simpático, que si fuera mi amigo me gustaría estar con él. Y muy, muy estudioso; porque el hecho de preguntar, de escuchar, etc. me hace ver que es muy estudioso y que hace caso a la primera. Es muy alegre, creo que podría estar todo el día cantando, riendo, saltando y bailando. Para mí es como sería Manuel. Gracias por escucharme.”

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Y sigo mirando el dossier, me quedo largo tiempo leyendo sus escritos, sus redacciones, sus diarios de navidad. Y sí; creo que lo estamos haciendo bien. Adora la lectura y empieza a escribir con enorme sensibilidad. Pone su corazón en cada palabra. Y me consta que lo tiene muy grande. Lo mismo que grande es su cabezonería. Espero que unidas ambas cualidades consiga todo lo que se proponga. Nosotros estaremos siempre ahí, animándola. Porque ella está siempre a nuestro lado, incondicionalmente. Mirando con sus ojazos y, ahora ya, opinando con espíritu crítico.

Gracias Marta. Gracias mi Cuchipú.

Mar Romera. Leyendas.

“… La muerte, equivocada, había llegado antes de tiempo. Y la muerte tuvo que esperar. Y la muerte, normalmente, no espera. Y al esperar, de pronto, la muerte fijó su atención sobre el agua del río. Y en el agua del río, se veía reflejada la luna. Y la muerte sintió curiosidad por la luna. Y si la muerte siente curiosidad, que es una emoción, la muerte deja de ser muerte; porque la muerte es muerte porque no se emociona. Cuando la muerte deja de estar emocionada es muerte. Pero si la muerte se emociona deja de ser muerte. La muerte sintió curiosidad por la luna. Tanto fue así que la muerte se puso de pie. Y la muerte, al sentir curiosidad, dejó de ser muerte. Y al fijarse un poquito más en la luna, la admiró. La admiración es la emoción que lleva a amar. La muerte no puede amar, porque si la muerte puede amar, está sintiendo. Y la muerte es muerte porque no siente. No puede sentir porque la muerte es muerte. Si la muerte siente deja de ser muerte. Aquella curiosidad y aquella admiración la invitaron a entrar en el agua del río; a rozar sus pies con el agua del río. Y la muerte sintió asco. Y la muerte si siente asco deja de ser muerte. Porque la muerte no siente. Si siente deja de ser muerte. Y había sentido la curiosidad, la admiración y el asco; y pronto se resbaló en un piedra y sintió miedo. Y ya con el miedo, el asco, la curiosidad y la admiración que dejó de ser muerte. Y se puso a perseguir a la luna; porque la luna es una doncella tremendamente coqueta que juega con el agua del río. Y le gustó; casi piensan que se enamoró. Y si la muerte se enamora, siente. Y si la muerte siente deja de ser muerte. Porque sentir es vida. Y la muerte quería coger la luna; y se enfadaba porque la luna se escondía entre el agua. Pero la muerte enfadada dejar de ser muerte, porque el enfado también es sentir. Y sintió el miedo, y sintió el enfado, y sintió el asco, y sintió la curiosidad, y sintió la admiración. Sintió todo. Por eso la muerte dejó de ser muerte. Tan entretenida estaba jugando que en un remolino del agua casi se ahoga y había perdido la noción del tiempo; porque cuando sentimos, perdemos la noción del tiempo. Casi se ahoga la muerte en el justo momento que pasaban por allí tres chicos. Tres hermanos fuertes vieron la muerte que se ahogaba en el río. Y sin pensarlo dos veces, entraron en el río y la salvaron. No sabemos qué hubiera sido de la muerte si aquellos tres chicos no la hubieran salvado; perla salvaron. La muerte sorprendida, entusiasmada y segura de que no iba a morir, en aquel momento pensó; porque la muerte nunca piensa. Porque si la muerte pensara no sería muerte. Porque la muerte ni piensa ni siente. Y en aquel momento que pensó y miró a los chicos, agradecida; que la muerte nunca agradece. Los miró y les dijo: «Chicos, no puedo llevaros conmigo esta noche. Nunca pasó esto pero hoy sí; ustedes me salvaron. Así que esta noche les voy a regalar algo que ustedes me pidan, con el poder que ustedes me pidan”. Así en la noche, aquellos tres hermanos pidieron tres deseos. Empezó el más pequeño: «Pídeme, tú ¿qué quieres?». «Pues yo quiero la capa de la invisibilidad». Porque el pequeño pensó: «Si tengo una capa, cuando venga la muerte podré cubrirme con ella y nunca me encontrará». Y la muerte se la regaló. El segundo hermano le pidió la piedra de la vida y pensó: “Con esta piedra, salvaré la vida de mi amada y ella me la salvará a mí tantas veces que así, nunca moriremos”. Y la muerte, se la regaló. Y el tercero de los hermanos pidió la varita de saúco; la varita mágica de mayor poder. Cuentan que es la varita de mayor poder porque es la única varita que arregla varitas. La única varita que puede pelear con otras varitas. Y la muerte se la regaló.

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En este día, el deseo de quien narra esta leyenda, Mar Romera, es que en los bolsillos de los docentes, madres o padres, llevemos siempre las reliquias de la muerte. Porque siempre, siempre, siempre, siempre, tenemos que estar al lado de nuestros niños sin ser vistos; porque los protagonistas son ellos. Tenemos que estar al lado de nuestros niños para darles la posibilidad de saber que se equivoquen las veces que se equivoquen, estaremos ahí; para arreglarlo todo, todo, todo. Y que debemos saber también que, como padres o como docentes, nuestra vida deja de ser importante porque pasa a otras vidas; nuestra vida pasa a ser otras vidas. Y esa es la piedra de la vida que debemos llevar también en el bolsillo. Y debemos también amar, porque amar es dar permiso; permiso para reírse, para equivocarse, para mirar y para hacer su proyecto, para jugar, para llorar. Sabiendo que los niños y las niñas no aprenden nada de lo que les enseñamos sino que nos aprenden a nosotros. Y que si nosotros estamos bien, ellos están bien. Sabiendo que solo se aprende aquello que se ama, y la afectividad es el único hilo conductor que puede hacer que la escuela, la vida, la casa y la educación sean algo que realmente merecen la pena. La afectividad que construye auto conceptos reales y permite una autoimagen positiva, y no una mentira. Jugando a aprender “a” y no aprender “acerca de”. Sabiendo cuáles pueden ser los elementos que podemos poner en la base de la educación que realmente cuentan a la hora de construir una escuela; que respeta la diversidad y la diferencia. Trabajando las redes sociales, desde la tribu, porque nadie es más importante que otro; ni siquiera la familia. Poner a niños y niñas en contacto con la naturaleza; reivindicando la asignatura de la caza de la lagartija como asignatura fundamental dentro del currículo. Reivindica jugar, la cocina, la naturaleza, el agua, la tierra. el suelo, el aire y poder respirar para podernos convertir en una parte viva crítica. Reivindica las aficiones, porque ningún niño de cinco años quiere ser campeón del mundo en ningún deporte; quiere jugar. El resto son nuestras propias frustraciones y nuestras propias expectativas. “Los niños tienen derecho al juego” (Convención Internacional de los Derechos de los Niños) “Ha de prevalecer el interés del menor”. Reivindicando el trabajo como un momento de construir, no de pasar el tiempo. Provocando y proponiendo retos lo suficientemente interesantes para provocarlos; lo suficientemente asequibles para mantener la idea de poder conseguirlos.

Por lo tanto, no interesan tanto las leyes como los buenos maestros. La norma no debe de ser la excusa. Lo que puede hacer el docente es aprender, sorprender, vivir, pensar y preguntar. Lo que debe hacer un docente es pensar que el futuro siempre va a ser mejor que el pasado. No hay lugar para los docentes pesimistas. La persona que cree que no va a conseguir nada mañana no merece estar con niños. Son necesarias personas que piensen que mañana va a ser siempre un poquito mejor. La clave está en los maestros; en trabajar las habilidades interpersonales, intrapersonales, la base psicopedagógica y la base cultural. Leer los clásicos; porque es la profesión de profesiones. Y en lo intrapersonal, alejarse de los que piensan «cómo me van a soportar si no me soporto a mí misma». Las habilidades sociales. La cultura general. Ir al cine, escuchar música., leer literatura, conocer a Miguel Delibes. Llorar mientras se lee los poemas de Miguel Hernández. Cualquier docente tiene que leer, vibrar, llorar, reír y, sobre todo, probar comidas de muchos hornos y escuchar palabras de muchas personas. Flexibilizar nuestras cabezas; no podemos pedir a nuestros hijos y alumnos que hagan aquello que nosotros no estamos haciendo. Activar nuestro portafolio cultural…”

Y así, pasó a narrar «La leyenda de la rosa azul» que guardo en el corazón.

Mar Romera. Sant Cugat. Jornadas Difference 2018.

Gracias leyendas de ahora y siempre. Gracias mama.

V Jornadas Internacionales Project-difference 2018. I parte.

He vuelto a caer otra vez; y es que Mar Romera nos tiene «enganchadas». He vuelto a seguirla, esta vez mucho más cerca, hasta Sant Cugat, a las V Jornadas Internacionales Project-difference 2018. Este año han asistido:

Florenza Salvarezza. Dislexia, lectura y cerebro: qué saber y hacer en el aula.

Dean Bragonier. Desbloqueando el potencial disléxico.

José Ramón Gamo. TDAH. Estrategias de Intervención.

Mar Romera. Educación emocional y emocionante.

Sin título

Empezaré con unas reseñas, con algunas de las frases más memorable con las que Mar nos llega al corazón y nos roza la razón, lo justo para que no nos quedemos igual que antes de entrar a la enorme sala del Auditorio de Sant Cugat; para que nos llevemos tarea a la cama y nos levantemos mañana pensando que nos vamos a comer el mundo. Bueno, al menos un pedacito.

Frases como: “Nunca te olvides de quererte porque es lo que te hace fuerte”, me trae al recuerdo una sesión del Grupo Experto en Gestión Emocional cuando me sacó al pasillo y me zarandeó emocionalmente. Gracias a ese meneo, empecé a tomar decisiones; decisiones que han de cambiar mi vida, para bien o para mal; porque lo decido yo, desde el quererme, desde el cuidarme.

Otras citas, referidas a la situación educativa actual como:

Cuánto mayor es la desesperación, más se nubla el sentido común”

o

No se pueden elegir determinadas circunstancias pero somos responsables y dueños de la reacción ante ellas y de cómo dejamos que nos afecten”.

Así, los maestros, siguiendo a los tres modelos de Pimentel: zombies, turistas y caminantes; Mar les conmina a ser caminantes en su función docente.

También nos anima a romper con el modelo de aprendizaje Piagetiano, rompiendo con: 1) El grupo clase. Un grupo que le “toca” al alumno y por el que no se siente ningún vínculo. 2) Con la enseñanza por asignaturas. A día de hoy, el conocimiento no está parcelado en asignaturas, categorías… No tiene sentido seguir creando currículos por materias (Mantener una escuela pensada para los maestros especialistas, no para los alumnos) 3) Los tiempos; horarios que van en contra de todos los postulados que desde la neuroeducación buscan el bienestar del niño. Horarios estresantes que no permiten dejar “disfrutar” al alumno, que capan procesos creativos… 4) Los estándares a nivel. 5) Los modelos de evaluación. 6) El rol del profesorado. 7) La gestión de los equipos directivos.

-EDUCAR ES APRENDER A VIVIR-

Las escuelas del futuro son las que creen en el que aprende, no en el que enseña”

o

Enseñar desde el cerebro del que aprende, no desde el cerebro del que enseña”. Fernández Bravo.

o

Hay que volver a Aristóteles, a la Mayéutica, la música en el colegio > al SENTIDO COMÚN > ¿Por qué y para qué enseñar?

1- Los niños de hoy están sobre protegidos porque hoy en día se nos controla con el miedo (y La falsa felicidad).

2- Están sobre estimulados. Tienen vídeo del momento de nacimiento y, a partir de ahí, es un no parar.

3- Están sobre regalados. No hay espera, no tienen tolerancia a la frustración.

-EDUCAR ES UN ACTO DE AMOR-

El humano es el único ser que es capaz de emocionarse con la imaginación”.

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Gracias

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Compañeras de camino.

Últimamente, me he encontrado explicando a gente diversa cómo ha sido mi proceso de formación; proceso en el que aún hoy sigo “enfrascada”.

No hace muchos meses, fue en el curso de Experto en Gestión Emocional en el Ámbito Educativo que realizo en INTEGRATEK, impartido por profesionales maravillosos. Ante un ejercicio de reflexión personal, tuvimos que “hurgar” en nuestra memoria para recordar quiénes habían sido nuestros referentes. Quiénes habían sido aquellas personas que en un momento u otro de nuestras vidas nos hubieran guiado en la senda de nuestra educación y formación. Fue inevitable sentir la curiosidad entre personas de edad diversa, formación diversa, orígenes diversos, motivaciones diversas… Y así, comentar con el compañero más cercano el porqué, la razón, cómo habíamos llegado al lugar profesional que ocupamos.

Posteriormente, en unas jornadas de sensibilización que realiza Avan, centro con el que colaboro ocasionalmente como voluntaria en actividades diversas. Esta vez, se realizó ante un grupo de chicos y chicas de entre 18 y 20 años, aproximadamente, que cursan estudios de integración social, sanitarios y demás, en el Instituto Montserrat Roig de Terrassa. El mismo centro donde estudiaron mis sobrinos. Un “público” muy exigente y crítico. Un público con el que comparto un poco su idioma ya que tengo sobrinos y un hijo de su edad. No obstante, al situarme ante ellos, a última hora de la tarde, después de haber hecho su jornada lectiva, no las tenía todas de llegarles, de poder transmitirles lo que en mencionadas jornadas se pretende: un acercamiento a las enfermedades neurológicas desde la parte más humana y sencilla. Ponerlos ante tres o cuatro situaciones cotidianas para alguno de estos enfermos: vestirte siendo ciego, hacerte un bocadillo de nocilla con una sola mano, comunicarte en lenguaje de signos… En mi grupo, di con un tutor de grupo muy motivador Aún así, las miradas hacia mi persona estaban teñidas de curiosidad. “¿Qué iba a enseñarles yo que ellos no supieran, que no les hubieran explicado en clase?” Así que me dejé llevar; y hablando con sencillez, en su “idioma”, respetando sus tiempos, entendiendo sus puntos de vista. Y todo fluyó. Y fue entonces que me preguntaron cual era mi formación. Y volví a encontrarme explicándoles cómo había llegado hasta allí. Y sentí la sorpresa y la admiración reflejada en sus miradas.

Aún no hace un mes, se repitió la misma situación. Esta vez, el “publico” que asistía a la formación para el voluntariado en Avan eran estudiantes de Medicina y Psicología. El lugar, la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. En esta ocasión, la exigencia era aún mayor si cabe. El resultado, el mismo. Llegarles de la manera más sencilla, sin pretensiones; entendiendo las dudas que tienen, sintiendo su misma pasión y entrega hacia lo que hacen. Y volvió a pasar. Quisieron saber cuáles eran mis motivaciones, cual era mi formación. Y me sentí de nuevo admirada; por un instante sentí que deseaban parecerse un poquito a mí.

Y la verdad, la tengo reciente, mi formación. Porque aunque empecé como todos en párvulos con cuatro años (los de mi generación) no seguí el camino habitual. Las circunstancias personales y familiares me llevaron a dejar el sistema educativo. Trabajé como auxiliar de farmacia, como auxiliar administrativo, me casé, tuve un hijo… Y cuando tenía tres años, al empezar él en el parvulario, fue que decidí retomar mis estudios.

Así que trabajando y con un pequeño en casa me lancé, junto a Carme, una vecina-hermana-referente, a estudiar en la UNED la Diplomatura de Educación Social. Desde el principio supe que iba a durar más de tres años; como así fue. Cursé dos años; tuve a mi segunda hija; y cursé dos años más. Ahora con una bebé de un año, para colmar el pastel de mi dulce locura.

Hace escasos días me encontré a Ana. Ella fue compañera en la segunda etapa en la UNED. Carme, mi vecina, siguió el curso normal de la Diplomatura y en tres años estaba ya ejerciendo. Hoy en día, ocupa un cargo relevante en Cáritas Cataluña. Ana se emocionó al verme, lo mismo que yo a ella. Su padre había fallecido recientemente y estaba muy sensible. Nos pusimos a hablar como colegialas; como los últimos días de exámenes que compartimos ya hace nueve años. Por entonces, Ana trabajaba a horas como animadora sociocultural en en centro de día para mayores. Desde hace un año, es la directora de una sección del mismo centro.

Y entonces nos pusimos a hablar de Merche, otra más de la “pandi.”.Trabajaba en una biblioteca Municipal de barrio cuando íbamos juntas a las tutorías de los miércoles en la sede de UNED en Terrassa. Ahora trabaja para el Ayuntamiento de Sabadell en Cultura.

Y me sentí feliz y orgullosa. Todas las que, curiosamente mujeres, nos lanzamos a aquella aventura estábamos casadas o separadas, con hijos en casa, algunas con padres ya dependientes, trabajos de ocho horas y, lo más importante, una mochila llena de ilusión que compartimos.

Y ahora me doy cuenta que así como hace pocos meses, no más de dos años, casi prefería pasar desapercibida; no explicar demasiado sobre como había sido mi trayectoria profesional; ahora me gusta que me pregunten por ello. Me llena de orgullo reconocer y recordar a este grupo de mujeres valientes que nos lanzamos en ese amplio espectro que es la Educación Social y la especial forma que cada una de nosotras le hemos dado y le continuamos dando cada día.

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Gracias MariCarmen, Merche, Ana, Maite. Gracias UNED.