El día del Padre.

Hoy es día 29 de Marzo y todavía encuentro en cada rincón de casa muestras de este día que dejamos atrás hoy hace diez días. Nos pasamos los días ocupados con nuestras obligaciones y rutinas; padres e hijos. Por suerte, en esta pequeña familia se continúan viviendo las tradiciones que nos han dejado en herencia a ambos progenitores. Tradiciones sencillas, con alegrías sencillas, sorpresas entrañables.

En mi familia, cualquier ocasión: cumpleaños, santo, día de la Madre, día del Padre… era momento oportuno para reunirnos; la comida era lo de menos, en regalo también. Cuando éramos pequeños, nos deleitábamos comprando cualquier detalle después de reunir nuestros pingües ahorros: 25 pesetas. Qué grandes momentos de elección y decisión del presente más adecuado para la persona que queríamos sorprender.

Posteriormente, descubrí que dejando una nota junto al plato de cada miembro en la mesa engalanada, la sorpresa era mayor. Recordaré siempre la cara de sorpresa de mi padre unas Navidades, mientras leía el proverbio que cuidadosamente había elegido para él. Decía así: “Desear lo mejor, recelar lo peor y tomar lo que viniere”proverbio árabe. Yo creo que jamás se sintió más identificado con unas palabras; lo sentí a pesar de que no pudo casi expresarse. No hizo falta, solo era necesario mirar sus ojos oscuros. Y es que a pasar de sus cualidades, buenas o malas en función del ojo que juzga, mi padre era así.

Mis hijos desde siempre han “funcionado” del mismo modo. Marta, que es la pequeña, la creativa, la chica de telenovela, la pasional, la que emana emociones por cada rincón de su bonita cara… se dedica a dejarnos notas y dibujos sobre nuestras mesas de noche. Esta costumbre empezó, cuando de pequeña y ya sabiendo escribir, entraba en momentos de enfado y tristeza inconsolables. Cuando no estaba en casa su héroe, su hermano Adrià para consolarla con sensatas y tiernas palabras, recurrí a enviarle notas bajo la puerta. Le pedía disculpas, le decía que entendía cómo se sentía, le pedía que no llorara más de lo necesario, que supiera que estábamos en la habitación de al lado para escucharla… Lo hicimos cientos de veces y aún continuamos haciéndolo. Después, guardamos los escritos y nos “reímos” de lo que nos pasaba en cada momento pasado; repasábamos las cosas que se repetían, aprendíamos de lo que ya no había vuelto a suceder…

Como se dice el Cataluña, los aniversarios tienen “mesada”; para nosotros también nuestros días importantes. Todavía hoy, diez días después, encuentro por los rincones felicitaciones como ésta, que son para nosotros, tremendas declaraciones de intenciones, auto-conocimiento y admiración mutua.

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Mauro Bólmida.

Psicólogo-psicoterapeuta, Coach, Docente. Valencia y alrededores, España. Sanidad, bienestar y ejercicio.

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¡Qué bien poder darse regalos de tanto en cuanto!

Un corto viaje a Madrid con unas cuantas compañeras de clase;  una habitación en plena Puerta del Sol; pizzas en un banco y cafés en el aeropuerto; nieve, lluvia y sol; diferencias gerenacionales y gustos compartidos; dibujos de Fratto y palabras al oído; lágrimas con Mar y bailes con Olga; risas con Alberto y “flash forwards” con Mauro; día y noche.

Ellos y nosotras; Francesco Tonucci, Mar Romera, Mauro Bólmida, Olga Martínez y Alberto López, y Eli, Marta, Eva, Laura y Mercè.

Unos minutos con Mauro Bólmida. La guinda del pastel. Espero volver a cruzar nuestros caminos.

¡Gracias a todos por este regalo!

Mascotas.

Siempre me han gustado los animales. Y podría decir, con un poco de orgullo, que yo a ellos también. Curiosamente, cuánto más grandes, mejor.

Como la mayoría de los niños, jamás tuvimos en casa algo mayor que un canario, así, por iniciativa de mis padres. Mis hermanos y yo nos conformamos con los animales de la familia: Negreeta, Cartutxo, Sultán, Volvo…

Al final de mi adolescencia, cuando ya no lo esperaba, mi padre se presentó en casa con una gatita joven, blanca y asustada. Fue el mejor regalo de mi vida, por inesperado y porque durante mi vida en casa, como familia humilde, recibí bien pocos; de regalos y de inesperados. Le puse de nombre “Nina” porque era a la vez muñeca, hembra y ser vivo.

Como madre, cumplí antes el deseo de mis hijos. Se llamaba Rassi. Una cobaya de pelo blanco, largo y suave. Tranquila, sí; demasiado tranquila.

Artículo dedicado a Wiki.

 

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La buena elección de un libro.

Siempre he oído comentar que la buena elección de un libro viene determinada por distintos aspectos.

El autor, sin duda, ha de ser algo más que un buen comunicador; ha de moverse en el mundo de nuestros intereses de esa manera que solo alguien que casi te conoce puede hacer.

La primera/primeras páginas y, al final, las últimas. A menudo, observo a las personas en las librerías como recurren a la biografía del autor/a en la solapa interior del preciado tesoro. Releen las primeras y las últimas líneas; casi escondidos entre las estanterías como si estuvieran cometiendo un extraño delito. Yo lo he hecho también. Es una experiencia que puede convertirse en perdurable; ya que si el libro te interesa, volverás a comprarlo unos días o unos meses después, seguro de que estás haciendo la mejor compra de tu vida.

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Cuando te lo aconseja alguien en quién confías y te conoce un poquito, el éxito está garantizado. Gracias Mar Romera y Roberto Aguado.

Página 29. Francisco Mora. “Neuroeducación”.

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Porque los sueños, sueños son.

Las personas tenemos la tendencia de convertir nuestros sueños en pesadillas. Hacemos de los sueños obsesiones que guían nuestros actos para conseguir aquello que deseamos, a costa de perder el tiempo, la energía, el dinero y, lo que parece una total contradicción, nuestras horas de “sueño” objetivo; de descanso.

Los sueños, como impulso motivador, deberían mantenerse como punto referente que guía nuestras actuaciones diarias y cotidianas dentro de la normalidad de nuestras posibilidades; haciéndonos tomar cierto impulso hacia adelante y hacia arriba, sin menguar nuestras energías.  Los sueños hay que cuidarlos, mimarlos; como se cuida una planta que durante nueve meses nos oculta su flor tímidamente, como un tesoro, para mostrárnosla durante tres meses al año. Es en esos meses que tenemos que aprovechar todo su esplendor para tomar carrerilla; y no los nueve meses, para frenar nuestros sueños y pensar que han desaparecido de nuestro subconsciente.

Mi sueño desde hace casi un año apareció en forma de unicornio en una pequeña embarcación en uno de los canales de Ámsterdam. Lo miré con curiosidad y, confieso, no lo entendí. Me pareció una moda, como otra cualquiera, ondeando en el aire. El mismo aire pero de otra ciudad que se lleva los sueños cuando menos te lo esperas cómo si de globos se tratara.

El “globo” apareció de nuevo durante estas fiestas de Carnaval. Marta, mi “ojazos”, tenía pensado disfrazarse de unicornio. El disfraz se vendía por Internet bajo previo pago de unos sesenta euros, en todas las tallas posibles. Tras pensarlo juntas, decidió disfrazarse de un personaje menos “onírico” aunque igual de novelesco. La diferencia fue el uso de su creatividad para hacer de una camiseta su mejor disfraz, sin olvidar su “sueño”. Nuestro “sueño”.

Durante las últimas semanas, mis sueños de infancia se están convirtiendo en realidad. Y es cierto, aunque también había pesadillas, las he hecho desaparecer. Porque ahora, yo decido. Y sólo hay cabida para mis sueños. De las pesadillas, que se encarguen sus causantes. Porque yo ya les di su oportunidad. Porque ahora controlo yo.

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Comprarlo en una estación de tren no fue una casualidad. Una barca, un tren… bonitas maneras de hacer nuestro camino.

“Sólo se puede aprender aquello que se ama”, Francisco Mora.

Su opinión en EDUCACIÓN 3.0

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Porque, ¿qué sabemos del cerebro cuando apren­de y cómo lo hace? ¿Qué sabemos del cerebro cuando enseña y cómo lo hace? ¿Qué funciones cerebrales conocemos hoy esenciales en la transmisión del conocimiento, es decir, aplicables a la enseñanza? ¿Qué daños psicológicos cerebrales siquiera sutiles impiden o dificultan el aprendizaje de los niños?

Son preguntas que todavía no se pueden contestar con propiedad, pero sí esbozar algunas respuestas nuevas. En cualquier caso, hoy es bien cierto que la neurociencia comienza a aclarar los ingredientes neuronales de lo que conocemos como emoción, cu­riosidad, atención, conciencia, procesos mentales, aprendizaje, memoria y consolidación de la memoria.

Por ejemplo, sabemos que lo que llamamos atención no es un fenómeno singular y único sino que se refiere a procesos cerebrales diferentes según los estímulos que se reciben y a los que prestamos interés. Conocer todos esos ingredientes de la atención en términos neurobiológicos y educativos puede ayudar a conocer los tiempos reales y los componentes reales necesarios para poder adecuar las enseñanzas a cada edad y hacerlas más efectivas y eficientes”.

 

Mora es doctor en Medicina, doctor en Neurociencias y catedrático de Fisiología Humana. Autor del libro ‘Neuroeducación, sólo se puede aprender aquello que se ama’.
Ya lo dijo antes Aristóteles…

 

 

Girasoles. Gracias.

Mi agradecimiento a: Mar Romera, Franceso Tonucci, Mauro Bólmida, Olga Martínez y Alberto López; Eli, Laura, Marta, Eva y a tod@s mis compañer@s de camino en Integratek.

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