Encuentros del 1 de Mayo.

Desde hace 16 años, como muchas familias recientemente, nos reunimos los “primos” de la saga de mi madre. Como siempre, tal evento surge de un funeral; del de mi padre. Del encuentro precipitado, sincronizado, a la voz de todos somos uno, allí estábamos todos. Como siempre últimamente, en los malos momentos.

Alguien sugirió que tales encuentros no podían quedarse entre prisas, entre hospitales y funerales. Y desde entonces, mi hijo era un bebé de poco más de diez meses, venimos realizando tales encuentros.

Como es natural, no siempre estamos todos los que somos. Ya faltan algunos tíos, que poco a poco van falleciendo, “es ley de vida”, decimos. Cada año, faltamos uno u otro de los primos, porque surgen imprevistos: competiciones, extraescolares, falta de descanso, distancia… Ya empiezan a faltar nuestros hijos, nietos de la saga, porque ya no quieren venir, porque ya tienen otras preocupaciones. Por suerte, ahora vienen los nietos de los primos. Este año, el bebé era otro; porque el primero, este año cumple diecisiete años y hoy tenía otras preocupaciones. Hoy, había un nuevo miembro de la saga, de la nueva generación.

Tales encuentros traen cada año recuerdos a nuestras memorias, a nuestras conversaciones de restaurante. Hay quien recuerda lo bueno, hay quien recuerda lo malo. Los hay que lo recordamos todo. Porque por suerte o por desgracia, somos un pedacito de ello; de lo bueno y de lo malo.

Hoy, nos hemos reunido en un lugar de la provincia de Tarragona, como siempre. Somos menos los de Barcelona y las costumbres cuestan mucho cambiar. En el Pla de Santa María. Y como siempre foto de grupo, con los de este año, que no son los mismos que los del año pasado, o del anterior.

Camino del sitio escogido, la estatua de un Mazinger Z gigante que erigieron hace tanto tiempo que ya tiene fiesta conmemorativa, no sé de cuántos años. Camino al icono de los dibujos animados de nuestra infancia; del personaje cuya caja de un juguete enorme rondaba por casa de mi marido hasta hace, literalmente, cuatro días. Lujos de hijo único; el resto nos conformábamos con el capítulo semanal.

Y allí, recuerdos de infancia. ¿Buenos?¿Malos? Aún no lo sé. Allí, junto al gigante de Mazinger Z, en unas piscinas aprendí a nadar. ¿Cómo? Cosas de primos. Lo que aprendí también allí fue a sobrevivir.

mazinger z
Mazinger Z Pla de Santa María (Tarragona)

Gracias Mazinger Z.

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