Indecisiones y motivaciones.

Los diferentes momentos de la vida nos sitúan frente a retos personales que nos ponen “entre la espada y la pared”. Son esos retos que nos hacen crecer una vez pasados y superados; pero que nos hacen vivir momentos interminables de duda, desesperanza e indecisiones.

La adolescencia es uno de esos momentos. Personalmente, lo recuerdo como una etapa borrosa; una etapa que, al parecer, no quiero recordar. Al hablar con amig@s de la época del tema, siempre sale la clásica explicación de que cada época fue diferente. Lo que no está tan claro es que siempre fuera mejor. Lo que sí sentimos muchos de mi generación es que hubo unos que pudieron dedicarse a tomar las decisiones que, aunque indecisas, les llevarían por la vida que ahora tienen. Otros, tuvieron que ceñirse a situaciones familiares y personales que les “resolvieron” sus dudas, pero que olvidaron sus motivaciones.

La generación que ahora está en esa época, que tiene que decidir su futuro en base unos estándares que se guían por un currículo político, que no educativo,  tienes indecisiones al cuadrado y motivaciones divididas por diez. Indecisiones propias de la edad, de la biología, del entorno familiar y social… y motivaciones proporcionadas por un profesorado que, aunque quiere, no puede hacer en las aulas lo que de veras necesitan los jóvenes que vienen con fuerza, generación que tiene que tirar el carro adelante en unos años; o por otros que pudiendo no quieren, porque ellos ya tienen la silla caliente y el sueldo “nescafé” para toda la vida. Yo, en el caso de éstos últimos, no estaría tan tranquil@.

Y los padres, maestros, personas que también fuimos adolescentes en otro momento sólo nos queda dar ánimos. Decir que sólo ellos pueden iniciar el cambio. Y sentir algo de pena cuando un hijo te dice “Es que a la mayoría ya les está bien; cuando digo algo me dicen que no merece la pena, que soy un loco…”. A la conclusión que yo llego es que tiene suerte y razón; porque sólo los niños y los locos dicen la verdad. Y él, conserva un poco de ambos.

Gracias a nuestros hijos.

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