Dossier de fin de curso.

Hoy toca mirar el dossier de fin de curso en casa.

Hace solo unos días, lo hacía con mis chicos en el colegio, entre nervios, guerras de agua en el patio, momentos en busca de calma, sonrisas nerviosas… 

Yo no recuerdo de todo esos momentos. Llegó una edad en que el colegio no me gustaba, me aburría, no me sentía cómoda con los compañeros de mi edad. Pero como me dice a menudo mi hijo de 17 años, siempre acabo hablando de mí. Y es que es lo único que puedo explicar sin mentir. Hablar de los demás comporta el riesgo de cometer errores, de no ser precisos.

En mi escuela, de educación especial, el final de curso es también especial. A la alegría por la llegada del verano, se unen la separación de lo conocido, a la rutina, a aquello que cambia previa anticipación. La vuelta en septiembre para nuestros alumnos, hasta que no llevan unos años con nosotros, no forma parte de la rutina. De esa rutina que da seguridad, esa emoción tan importante que les permite aprender, crecer, confiar, amar.

Y hablando de emociones y de dossieres de final de curso, me encuentro en casa con el de mi hija de 9 años, Marta. Lleva en casa, justo hoy, hace una semana. Y porqué será que para los educadores los dossieres de nuestros hijos se quedan siempre para el final. Este año no ha sido diferente; pero no he dejado pasar el mes de junio. No me parecía justo. Ella también se lo merece.

Me paro ante un ejercicio, un pequeño escrito, una descripción física de un personaje a partir de una foto y cuatro datos. El típico ejercicio de libro de texto de lengua. Me llaman la atención los detalles que da; será porque la conozco. Porque sé que atraviesa las cosas con sus enormes ojos negros y no se queda en la superficie. No. Llega hasta el alma, aunque sea de una foto. Está escrito en catalán y dice así:

Las semillas de la vida.

De físico, me lo imagino moreno y con algunos rizos, bastante delgado y con la cara redondita, alto y sus ojos color café. Creo que es muy, pero que muy simpático, que si fuera mi amigo me gustaría estar con él. Y muy, muy estudioso; porque el hecho de preguntar, de escuchar, etc. me hace ver que es muy estudioso y que hace caso a la primera. Es muy alegre, creo que podría estar todo el día cantando, riendo, saltando y bailando. Para mí es como sería Manuel. Gracias por escucharme.”

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Y sigo mirando el dossier, me quedo largo tiempo leyendo sus escritos, sus redacciones, sus diarios de navidad. Y sí; creo que lo estamos haciendo bien. Adora la lectura y empieza a escribir con enorme sensibilidad. Pone su corazón en cada palabra. Y me consta que lo tiene muy grande. Lo mismo que grande es su cabezonería. Espero que unidas ambas cualidades consiga todo lo que se proponga. Nosotros estaremos siempre ahí, animándola. Porque ella está siempre a nuestro lado, incondicionalmente. Mirando con sus ojazos y, ahora ya, opinando con espíritu crítico.

Gracias Marta. Gracias mi Cuchipú.

Mar Romera. Leyendas.

“… La muerte, equivocada, había llegado antes de tiempo. Y la muerte tuvo que esperar. Y la muerte, normalmente, no espera. Y al esperar, de pronto, la muerte fijó su atención sobre el agua del río. Y en el agua del río, se veía reflejada la luna. Y la muerte sintió curiosidad por la luna. Y si la muerte siente curiosidad, que es una emoción, la muerte deja de ser muerte; porque la muerte es muerte porque no se emociona. Cuando la muerte deja de estar emocionada es muerte. Pero si la muerte se emociona deja de ser muerte. La muerte sintió curiosidad por la luna. Tanto fue así que la muerte se puso de pie. Y la muerte, al sentir curiosidad, dejó de ser muerte. Y al fijarse un poquito más en la luna, la admiró. La admiración es la emoción que lleva a amar. La muerte no puede amar, porque si la muerte puede amar, está sintiendo. Y la muerte es muerte porque no siente. No puede sentir porque la muerte es muerte. Si la muerte siente deja de ser muerte. Aquella curiosidad y aquella admiración la invitaron a entrar en el agua del río; a rozar sus pies con el agua del río. Y la muerte sintió asco. Y la muerte si siente asco deja de ser muerte. Porque la muerte no siente. Si siente deja de ser muerte. Y había sentido la curiosidad, la admiración y el asco; y pronto se resbaló en un piedra y sintió miedo. Y ya con el miedo, el asco, la curiosidad y la admiración que dejó de ser muerte. Y se puso a perseguir a la luna; porque la luna es una doncella tremendamente coqueta que juega con el agua del río. Y le gustó; casi piensan que se enamoró. Y si la muerte se enamora, siente. Y si la muerte siente deja de ser muerte. Porque sentir es vida. Y la muerte quería coger la luna; y se enfadaba porque la luna se escondía entre el agua. Pero la muerte enfadada dejar de ser muerte, porque el enfado también es sentir. Y sintió el miedo, y sintió el enfado, y sintió el asco, y sintió la curiosidad, y sintió la admiración. Sintió todo. Por eso la muerte dejó de ser muerte. Tan entretenida estaba jugando que en un remolino del agua casi se ahoga y había perdido la noción del tiempo; porque cuando sentimos, perdemos la noción del tiempo. Casi se ahoga la muerte en el justo momento que pasaban por allí tres chicos. Tres hermanos fuertes vieron la muerte que se ahogaba en el río. Y sin pensarlo dos veces, entraron en el río y la salvaron. No sabemos qué hubiera sido de la muerte si aquellos tres chicos no la hubieran salvado; perla salvaron. La muerte sorprendida, entusiasmada y segura de que no iba a morir, en aquel momento pensó; porque la muerte nunca piensa. Porque si la muerte pensara no sería muerte. Porque la muerte ni piensa ni siente. Y en aquel momento que pensó y miró a los chicos, agradecida; que la muerte nunca agradece. Los miró y les dijo: «Chicos, no puedo llevaros conmigo esta noche. Nunca pasó esto pero hoy sí; ustedes me salvaron. Así que esta noche les voy a regalar algo que ustedes me pidan, con el poder que ustedes me pidan”. Así en la noche, aquellos tres hermanos pidieron tres deseos. Empezó el más pequeño: «Pídeme, tú ¿qué quieres?». «Pues yo quiero la capa de la invisibilidad». Porque el pequeño pensó: «Si tengo una capa, cuando venga la muerte podré cubrirme con ella y nunca me encontrará». Y la muerte se la regaló. El segundo hermano le pidió la piedra de la vida y pensó: “Con esta piedra, salvaré la vida de mi amada y ella me la salvará a mí tantas veces que así, nunca moriremos”. Y la muerte, se la regaló. Y el tercero de los hermanos pidió la varita de saúco; la varita mágica de mayor poder. Cuentan que es la varita de mayor poder porque es la única varita que arregla varitas. La única varita que puede pelear con otras varitas. Y la muerte se la regaló.

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En este día, el deseo de quien narra esta leyenda, Mar Romera, es que en los bolsillos de los docentes, madres o padres, llevemos siempre las reliquias de la muerte. Porque siempre, siempre, siempre, siempre, tenemos que estar al lado de nuestros niños sin ser vistos; porque los protagonistas son ellos. Tenemos que estar al lado de nuestros niños para darles la posibilidad de saber que se equivoquen las veces que se equivoquen, estaremos ahí; para arreglarlo todo, todo, todo. Y que debemos saber también que, como padres o como docentes, nuestra vida deja de ser importante porque pasa a otras vidas; nuestra vida pasa a ser otras vidas. Y esa es la piedra de la vida que debemos llevar también en el bolsillo. Y debemos también amar, porque amar es dar permiso; permiso para reírse, para equivocarse, para mirar y para hacer su proyecto, para jugar, para llorar. Sabiendo que los niños y las niñas no aprenden nada de lo que les enseñamos sino que nos aprenden a nosotros. Y que si nosotros estamos bien, ellos están bien. Sabiendo que solo se aprende aquello que se ama, y la afectividad es el único hilo conductor que puede hacer que la escuela, la vida, la casa y la educación sean algo que realmente merecen la pena. La afectividad que construye auto conceptos reales y permite una autoimagen positiva, y no una mentira. Jugando a aprender “a” y no aprender “acerca de”. Sabiendo cuáles pueden ser los elementos que podemos poner en la base de la educación que realmente cuentan a la hora de construir una escuela; que respeta la diversidad y la diferencia. Trabajando las redes sociales, desde la tribu, porque nadie es más importante que otro; ni siquiera la familia. Poner a niños y niñas en contacto con la naturaleza; reivindicando la asignatura de la caza de la lagartija como asignatura fundamental dentro del currículo. Reivindica jugar, la cocina, la naturaleza, el agua, la tierra. el suelo, el aire y poder respirar para podernos convertir en una parte viva crítica. Reivindica las aficiones, porque ningún niño de cinco años quiere ser campeón del mundo en ningún deporte; quiere jugar. El resto son nuestras propias frustraciones y nuestras propias expectativas. “Los niños tienen derecho al juego” (Convención Internacional de los Derechos de los Niños) “Ha de prevalecer el interés del menor”. Reivindicando el trabajo como un momento de construir, no de pasar el tiempo. Provocando y proponiendo retos lo suficientemente interesantes para provocarlos; lo suficientemente asequibles para mantener la idea de poder conseguirlos.

Por lo tanto, no interesan tanto las leyes como los buenos maestros. La norma no debe de ser la excusa. Lo que puede hacer el docente es aprender, sorprender, vivir, pensar y preguntar. Lo que debe hacer un docente es pensar que el futuro siempre va a ser mejor que el pasado. No hay lugar para los docentes pesimistas. La persona que cree que no va a conseguir nada mañana no merece estar con niños. Son necesarias personas que piensen que mañana va a ser siempre un poquito mejor. La clave está en los maestros; en trabajar las habilidades interpersonales, intrapersonales, la base psicopedagógica y la base cultural. Leer los clásicos; porque es la profesión de profesiones. Y en lo intrapersonal, alejarse de los que piensan «cómo me van a soportar si no me soporto a mí misma». Las habilidades sociales. La cultura general. Ir al cine, escuchar música., leer literatura, conocer a Miguel Delibes. Llorar mientras se lee los poemas de Miguel Hernández. Cualquier docente tiene que leer, vibrar, llorar, reír y, sobre todo, probar comidas de muchos hornos y escuchar palabras de muchas personas. Flexibilizar nuestras cabezas; no podemos pedir a nuestros hijos y alumnos que hagan aquello que nosotros no estamos haciendo. Activar nuestro portafolio cultural…”

Y así, pasó a narrar «La leyenda de la rosa azul» que guardo en el corazón.

Mar Romera. Sant Cugat. Jornadas Difference 2018.

Gracias leyendas de ahora y siempre. Gracias mama.

V Jornadas Internacionales Project-difference 2018. I parte.

He vuelto a caer otra vez; y es que Mar Romera nos tiene «enganchadas». He vuelto a seguirla, esta vez mucho más cerca, hasta Sant Cugat, a las V Jornadas Internacionales Project-difference 2018. Este año han asistido:

Florenza Salvarezza. Dislexia, lectura y cerebro: qué saber y hacer en el aula.

Dean Bragonier. Desbloqueando el potencial disléxico.

José Ramón Gamo. TDAH. Estrategias de Intervención.

Mar Romera. Educación emocional y emocionante.

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Empezaré con unas reseñas, con algunas de las frases más memorable con las que Mar nos llega al corazón y nos roza la razón, lo justo para que no nos quedemos igual que antes de entrar a la enorme sala del Auditorio de Sant Cugat; para que nos llevemos tarea a la cama y nos levantemos mañana pensando que nos vamos a comer el mundo. Bueno, al menos un pedacito.

Frases como: “Nunca te olvides de quererte porque es lo que te hace fuerte”, me trae al recuerdo una sesión del Grupo Experto en Gestión Emocional cuando me sacó al pasillo y me zarandeó emocionalmente. Gracias a ese meneo, empecé a tomar decisiones; decisiones que han de cambiar mi vida, para bien o para mal; porque lo decido yo, desde el quererme, desde el cuidarme.

Otras citas, referidas a la situación educativa actual como:

Cuánto mayor es la desesperación, más se nubla el sentido común”

o

No se pueden elegir determinadas circunstancias pero somos responsables y dueños de la reacción ante ellas y de cómo dejamos que nos afecten”.

Así, los maestros, siguiendo a los tres modelos de Pimentel: zombies, turistas y caminantes; Mar les conmina a ser caminantes en su función docente.

También nos anima a romper con el modelo de aprendizaje Piagetiano, rompiendo con: 1) El grupo clase. Un grupo que le “toca” al alumno y por el que no se siente ningún vínculo. 2) Con la enseñanza por asignaturas. A día de hoy, el conocimiento no está parcelado en asignaturas, categorías… No tiene sentido seguir creando currículos por materias (Mantener una escuela pensada para los maestros especialistas, no para los alumnos) 3) Los tiempos; horarios que van en contra de todos los postulados que desde la neuroeducación buscan el bienestar del niño. Horarios estresantes que no permiten dejar “disfrutar” al alumno, que capan procesos creativos… 4) Los estándares a nivel. 5) Los modelos de evaluación. 6) El rol del profesorado. 7) La gestión de los equipos directivos.

-EDUCAR ES APRENDER A VIVIR-

Las escuelas del futuro son las que creen en el que aprende, no en el que enseña”

o

Enseñar desde el cerebro del que aprende, no desde el cerebro del que enseña”. Fernández Bravo.

o

Hay que volver a Aristóteles, a la Mayéutica, la música en el colegio > al SENTIDO COMÚN > ¿Por qué y para qué enseñar?

1- Los niños de hoy están sobre protegidos porque hoy en día se nos controla con el miedo (y La falsa felicidad).

2- Están sobre estimulados. Tienen vídeo del momento de nacimiento y, a partir de ahí, es un no parar.

3- Están sobre regalados. No hay espera, no tienen tolerancia a la frustración.

-EDUCAR ES UN ACTO DE AMOR-

El humano es el único ser que es capaz de emocionarse con la imaginación”.

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Gracias

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Compañeras de camino.

Últimamente, me he encontrado explicando a gente diversa cómo ha sido mi proceso de formación; proceso en el que aún hoy sigo “enfrascada”.

No hace muchos meses, fue en el curso de Experto en Gestión Emocional en el Ámbito Educativo que realizo en INTEGRATEK, impartido por profesionales maravillosos. Ante un ejercicio de reflexión personal, tuvimos que “hurgar” en nuestra memoria para recordar quiénes habían sido nuestros referentes. Quiénes habían sido aquellas personas que en un momento u otro de nuestras vidas nos hubieran guiado en la senda de nuestra educación y formación. Fue inevitable sentir la curiosidad entre personas de edad diversa, formación diversa, orígenes diversos, motivaciones diversas… Y así, comentar con el compañero más cercano el porqué, la razón, cómo habíamos llegado al lugar profesional que ocupamos.

Posteriormente, en unas jornadas de sensibilización que realiza Avan, centro con el que colaboro ocasionalmente como voluntaria en actividades diversas. Esta vez, se realizó ante un grupo de chicos y chicas de entre 18 y 20 años, aproximadamente, que cursan estudios de integración social, sanitarios y demás, en el Instituto Montserrat Roig de Terrassa. El mismo centro donde estudiaron mis sobrinos. Un “público” muy exigente y crítico. Un público con el que comparto un poco su idioma ya que tengo sobrinos y un hijo de su edad. No obstante, al situarme ante ellos, a última hora de la tarde, después de haber hecho su jornada lectiva, no las tenía todas de llegarles, de poder transmitirles lo que en mencionadas jornadas se pretende: un acercamiento a las enfermedades neurológicas desde la parte más humana y sencilla. Ponerlos ante tres o cuatro situaciones cotidianas para alguno de estos enfermos: vestirte siendo ciego, hacerte un bocadillo de nocilla con una sola mano, comunicarte en lenguaje de signos… En mi grupo, di con un tutor de grupo muy motivador Aún así, las miradas hacia mi persona estaban teñidas de curiosidad. “¿Qué iba a enseñarles yo que ellos no supieran, que no les hubieran explicado en clase?” Así que me dejé llevar; y hablando con sencillez, en su “idioma”, respetando sus tiempos, entendiendo sus puntos de vista. Y todo fluyó. Y fue entonces que me preguntaron cual era mi formación. Y volví a encontrarme explicándoles cómo había llegado hasta allí. Y sentí la sorpresa y la admiración reflejada en sus miradas.

Aún no hace un mes, se repitió la misma situación. Esta vez, el “publico” que asistía a la formación para el voluntariado en Avan eran estudiantes de Medicina y Psicología. El lugar, la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. En esta ocasión, la exigencia era aún mayor si cabe. El resultado, el mismo. Llegarles de la manera más sencilla, sin pretensiones; entendiendo las dudas que tienen, sintiendo su misma pasión y entrega hacia lo que hacen. Y volvió a pasar. Quisieron saber cuáles eran mis motivaciones, cual era mi formación. Y me sentí de nuevo admirada; por un instante sentí que deseaban parecerse un poquito a mí.

Y la verdad, la tengo reciente, mi formación. Porque aunque empecé como todos en párvulos con cuatro años (los de mi generación) no seguí el camino habitual. Las circunstancias personales y familiares me llevaron a dejar el sistema educativo. Trabajé como auxiliar de farmacia, como auxiliar administrativo, me casé, tuve un hijo… Y cuando tenía tres años, al empezar él en el parvulario, fue que decidí retomar mis estudios.

Así que trabajando y con un pequeño en casa me lancé, junto a Carme, una vecina-hermana-referente, a estudiar en la UNED la Diplomatura de Educación Social. Desde el principio supe que iba a durar más de tres años; como así fue. Cursé dos años; tuve a mi segunda hija; y cursé dos años más. Ahora con una bebé de un año, para colmar el pastel de mi dulce locura.

Hace escasos días me encontré a Ana. Ella fue compañera en la segunda etapa en la UNED. Carme, mi vecina, siguió el curso normal de la Diplomatura y en tres años estaba ya ejerciendo. Hoy en día, ocupa un cargo relevante en Cáritas Cataluña. Ana se emocionó al verme, lo mismo que yo a ella. Su padre había fallecido recientemente y estaba muy sensible. Nos pusimos a hablar como colegialas; como los últimos días de exámenes que compartimos ya hace nueve años. Por entonces, Ana trabajaba a horas como animadora sociocultural en en centro de día para mayores. Desde hace un año, es la directora de una sección del mismo centro.

Y entonces nos pusimos a hablar de Merche, otra más de la “pandi.”.Trabajaba en una biblioteca Municipal de barrio cuando íbamos juntas a las tutorías de los miércoles en la sede de UNED en Terrassa. Ahora trabaja para el Ayuntamiento de Sabadell en Cultura.

Y me sentí feliz y orgullosa. Todas las que, curiosamente mujeres, nos lanzamos a aquella aventura estábamos casadas o separadas, con hijos en casa, algunas con padres ya dependientes, trabajos de ocho horas y, lo más importante, una mochila llena de ilusión que compartimos.

Y ahora me doy cuenta que así como hace pocos meses, no más de dos años, casi prefería pasar desapercibida; no explicar demasiado sobre como había sido mi trayectoria profesional; ahora me gusta que me pregunten por ello. Me llena de orgullo reconocer y recordar a este grupo de mujeres valientes que nos lanzamos en ese amplio espectro que es la Educación Social y la especial forma que cada una de nosotras le hemos dado y le continuamos dando cada día.

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Gracias MariCarmen, Merche, Ana, Maite. Gracias UNED.

Alergias y alegrías.

Estamos en primavera. Quizás cuando publique este artículo ya estemos en verano. Y en casa, somos todos bastante alérgicos. Los que no lo éramos, nos hemos hecho últimamente. Ya sea al polen de los plataneros que se nos cuela por las ventanas, ya vivas en un quinto que a pie de calle; ya sea a nuevas sustancias ambientales de nueva generación; ya sea a alimentos habituales y deliciosos que cuesta evitar.

Y es en estos días, a pie del verano, que empezamos a consumir esas frutas que se reservan a los días de calor y que tanto ansiamos tras la monotonía del invierno. Bueno, esto solo serviría para los que comemos fruta de temporada, ya sea por creencia, ya sea por los precios de mercado.

Así, esta mañana de finales de curso, el último miércoles con alumnos en el colegio, me presento a la habitual reunión Scrum con mi melón con la idea de cargarme de vitaminas y, sobre todo, frescura. Frescura que ya empieza a faltar a estas alturas, por las temperaturas y por la rigidez de miras en que nos envuelve un sistema uniformador en el colegio, que algunos nos imponen y otros no dejan porque ni siquiera se han dado cuenta de la sutilidad de ciertas acciones; como la compra de tazas iguales para todo el profesorado. Eso sí, tuneadas sútilmente para cada uno de nosotros. Y valiéndose de la candidez y calidez de una compañera, la dirección utiliza para mirarnos a todos de la misma manera. Sí. Lo mismo que se hace con algunos alumnos al aplicar ciertas estrategias de intervención “unificadoras” y con muy poco sentimiento.

Ha sido al preparar y ofrecer melón a mis compañeros de Scrum, la mitad de los profesores y, hoy, alguno menos bajo causas justificadas, que he caído en el problema de alergia que me causa la piel del melón. Alergia muy curiosa ya que consiste en no tocarme los ojos previo al trasteo del melón. Vamos, que yo lo corto y lo sirvo, me lavo las manos y puedo comerlo sin ningún tipo de problema.

Los comentarios con algunos compañeros han sido curiosos. Es cierto que resulta chocante. Lo descubrí estando con mis padres bañándome un verano en el río Tormes, en el Barco de Ávila, junto con unos amables desconocidos que compartían trozo de playa. De repente, empecé a hincharme; tanto que la lengua no me cabía en la boca. Mis padres preocupados ya que era la primera vez que viajábamos solos porque mis hermanos ya andaban por otras lindes. Recuerdo su cara de preocupación, pero tampoco les duró mucho. En mi familia somos bastante duros y no nos quejamos a la primera por cualquier cosa. Hecho que tiene de positivo tanto como de negativo. Pero esto da para otro artículo. Y lo mismo que llegó la reacción alérgica, se fue.

Y ahí quedó todo. Y lo más importante, el aprendizaje. A lo largo de los años, he sufrido diversos episodios parecidos; mi marido estornuda como un poseso nada más poner los pies en el suelo cada mañana esta época del año; mis hermanos tienen un Máster en alergología; en el colegio, la flora y fauna nos traen a más de uno con ronchas que no se aplacan ni con sobredosis de urbason.

Con los años, las alergias bien aprendidas se pueden llevar con alegría. Porque alegrías hay muchas y son el mejor antídoto para los malestares de este tipo. Lo que no puedo disfrazar de alegría son determinados gestos que se producen de manera poco consecuente y sí muy maquiavélicamente trazados. No. No los puedo hacer olvidar con alegrías mundanas y pasajeras. No. Porque éstos me producen verdaderas alergias en el corazón.

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Gracias melón.

Scrum.

Scrum es el nombre con el que se denomina a los marcos de desarrollo ágiles caracterizados por:

  • Adoptar una estrategia de desarrollo incremental, en lugar de la planificación y ejecución completa del producto.
  • Basar la calidad del resultado más en el conocimiento tácito de las personas en equipos auto organizados, que en la calidad de los procesos empleados.
  • Solapamiento de las diferentes fases del desarrollo, en lugar de realizar una tras otra en un ciclo secuencial o en cascada.

Características de Scrum:

SCRUM es un modelo de referencia que define un conjunto de prácticas y roles, y que puede tomarse como punto de partida para definir el proceso de desarrollo que se ejecutará durante un proyecto.

Los roles principales en Scrum son el ‘Scrum Master, que procura facilitar la aplicación de scrum y gestionar cambios, el Product Owner, que representa a los stakeholders (interesados externos o internos), y el Team (equipo) que ejecuta el desarrollo y demás elementos relacionados con él.

Durante cada sprint, un periodo entre una y cuatro semanas (la magnitud es definida por el equipo y debe ser lo más corta posible), el equipo crea un incremento de software potencialmente entregable (utilizable). El conjunto de características que forma parte de cada sprint viene del Product Backlog, que es un conjunto de requisitos de alto nivel priorizados que definen el trabajo a realizar (PBI, Product Backlog Item). Los elementos del Product Backlog que forman parte del sprint se determinan durante la reunión de Sprint Planning. Durante esta reunión, el Product Owner identifica los elementos del Product Backlog que quiere ver completados y los hace del conocimiento del equipo. Entonces, el equipo conversa con el Product Owner buscando la claridad y magnitud adecuadas (Cumpliendo el INVEST) para luego determinar la cantidad de ese trabajo que puede comprometerse a completar durante el siguiente sprint.1​ Durante el sprint, nadie puede cambiar el Sprint Backlog, lo que significa que los requisitos están congelados durante el sprint.

Scrum permite la creación de equipos auto organizados impulsando la co-localización de todos los miembros del equipo, y la comunicación verbal entre todos los miembros y disciplinas involucrados en el proyecto.

 

ÚLTIMO SCRUM DEL CURSO ESCOLAR 2017-2018. ESCUELA BELLAIRE.

La semana pasada, hay una parte que me sabe mal, porque no fui de colonias y no pude ver al chico nuevo (menciono nombre) Siempre me pregunta “El año que viene vienes, ¿eh?” y yo le respondo que tengo muchas ganas de ir. Sé que han ido bien. Por otra parte, estoy haciendo sustituciones,cosa que me apasiona. Me gusta mucho reencontrarme con niños que he tenido hace siete u ocho años, pues me recuerdan “lo que hubo entre nosotros”. Es curioso como quedan cosas que no salen en los historiales ni en los apuntes de las supervisiones, ni se escriben en sitio alguno; es el retorno que hacen los niños y a mí es esto lo que me gusta de este trabajo.

Después estamos pendientes de las reuniones de padres que serán el lunes que viene. Ahí estamos. Yo creo que después de hablar con los padres en la fiesta de final de curso también tuve una sensación muy bonita. Me sentí muy acompañada por los padres, inclusos de padres de alumnos a los cuáles ya no asisto a las reuniones, y que los conozco de la ciudad. El hecho de vivir en la misma ciudad hace que conozcas a muchas familias. Y también sentí mucho el cariño de los niños que he tenido durante todos estos cursos. Así pues, puedo imaginarme un poco como irá el retorno en las reuniones de final de curso, ya que los sentí muy agradecidos.

Y esperando las vacaciones, relativamente porque yo continúo trabajando ya que me gusta hacer mucho las programaciones durante el verano con la calma aquí con algunas compañeras. Y continuar con todos los proyectos que me han surgido a raíz de que la dirección me recomendara no incorporarme a jornada completa en enero, estoy haciendo “cositas” de voluntariado muy bonitas y mis hijos me están haciendo un retorno muy bonito del curso.

Así que considero que he aprobado el curso.

Adjunto imágenes de cómo me ven cuatro alumnos, bajo sus palabras en el buscador y escoger una imagen por sí mismos:

  • una fiesta mejicana con confeti,

merce

  • un ramo de flores bonito,

mercè

  • dulce compañía y

 

mercè

  • la paz.

mercè

Gracias “mis chicos”; todos.

La pista está en las pistas.

La pista está en las pistas de la Joventut Atlética Sabadell.

Esta tarde, tras trabajar desde las ocho de la mañana y hasta las seis, acabando con una supervisión clínica de las que cuestan, me he subido en el coche y me he dirigido a las pistas de atletismo de la Joventut Atlètica de Sabadell donde entrena mi hijo.

Hacía días que, debido a los diversos quehaceres de los movidos finales de curso, no había puesto los pies y me apetecía verme sentada en el suelo, con las piernas al sol, bajo la sombra de un arbusto, como Adrià se prepara para una de las últimas pruebas de la temporada en pista exterior en Gijón. 

Y así, casi escondida, discreta, sin dejarme notar, es cuando me gusta observarle a él y al mundo en general. Ver sus movimientos felinos trabajados a golpe de sesiones de duro entrenamiento y voluntad de hierro; salidas milimetradas que se convierten en ejercicios de equilibrio en las que no puede fallar ni un golpe de aire desafortunado; sonrisas y miradas cómplices y agotadas entre compañeros a muerte cuando las fuerzas flaquean; el cariño y la orientación de un entrenador que los siente a todos como suyos, porque son su pasión y su vida.

Allí sentada en el suelo como la niña que fui, me han acudido recuerdos. Recuerdo que en el colegio estaba acostumbrada a correr con mis compañeros a pillar, a matar… En la calle, con mi hermano, jugaba al fútbol. Porque lo mismo hay que valer para un roto que para un descosido. Recuerdo en el colegio unos “señores” que vinieron a la busca de potenciales atletas para las Olimpiadas de Barcelona 92 que ya se andaban forjando. Recuerdo también como me seleccionaron para velocidad, salto de altura y peso. Y también como llegué a casa y, tras decírselo a mis padres, se quedó todo en triste desilusión. Que unas bambas hay que comprar, dices. Que un equipaje hay que tener, dices. Y ahí terminó todo. Bueno, todo no. Continué corriendo en los patios y en la calle durante los tres meses de vacaciones cada verano.

Pasó el tiempo, y llegó mi hijo a casa. Jamás había mostrado interés por hacer una extraescolar; nosotros éramos de horas interminables de parque y visitas a los abuelos y bisabuela. Que ya está bien, decía siempre su pediatra, en Pàmies. Que el niño está sano y ya hace más que muchos adultos en su jornada laboral. Aquél día, la Jas se presentó en el colegio con la intención de presentar el atletismo como un deporte poco habitual, lejos del socorrido fútbol o baloncesto.

Adrià tuvo alguna duda, pero más bien pocas. Tenía doce años y desde entonces no ha parado de correr. No falta a los entrenamientos llueva, nieve o caigan chuzos de punta. Solo una vez faltó a causa de sobre saturación de exámenes. Un día frió de invierno que salíamos de casa casi a las siete le pregunté: “Cariño, ¿no te da pereza salir?””Pues claro, mama. Pero no pienso y tiro palante”. Y así ya llevamos seis años. Ha conseguido varios oros de Cataluña y alguno de España. Pero lo que mejor gana son los corazones de las personas que le rodean. Porque sí, porque tiene madera de líder de los que no necesitan imponerse, con su hablar pausado y escaso; su sonrisa tibia; sus palabras acogedoras; su empatía natural; su sensibilidad por el otro; su tesón y su esfuerzo. Porque como me decía hoy el entrenador, porque tiene talento natural, pero es joven y necesita tiempo. Porque no hace falta correr para llegar antes y mejor a la carrera de la vida. Porque es joven y le quedan años para formarse y llegar a la plenitud en forma, sin lesiones; decidiendo él cuando quiere dejarlo profesionalmente. Y eso sólo se consigue con personas extraordinarias. Mi hijo sabe rodearse de ellas, porque básicamente las atrae; porque se sienten bien en su compañía.

Y yo me lo miro desde la lejanía, casi escondida. Con una pizca de orgullo. Porque una vez alguien me dijo que lo de los velocistas es genético y yo me quedé con la parte que me interesa (que una vez fui algo buena)

Y es al mirarlo que me doy cuenta de todas las cosas que nos ha enseñado al resto de la familia; como ahora nos enseña su hermana. Como la esencia, sea buena o mala, se bebe desde el hogar. Y porque ya no me preocupa que se me pueda escapar una palabra en tono alto si él está ahí para recordarme que él no nos ha gritado nunca. Por poner un ejemplo.

Estirada en la pistas, como una colegiala de cuarenta y siete años, he podido casi respirar la misma energía que cuando tenía doce. Y esta vez, prometo que volveré a que JuanPe, su fantástico entrenador, me prepare una máster class para viejunas y me quite el regustillo que guardo desde que habiéndome elegido candidata para las Olimpiadas no pude participar.

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Pista exterior de la Jas –  Sabadell

Gracias Adrià. Gracias Juan Pe. Gracias Jas.

A Lobi.

El sábado pasado, tras varios fines de semana ocupados en formación, fiestas escolares y diversos, pude despertarme dos días en casa. Una casa en la que vivimos desde hace casi dos meses y de la que aún no conozco algún rincón. No por nada, sino por falta de tiempo. Fue dejar cajas y cajas de libros, que no de ropa ni menaje, y no pisar el trastero. Ansío el verano para poder mirar y remirar libros, cursos, álbumes de fotos y demás. Suele sucedernos en casa que el acto de limpiar y ordenar se convierte así en puro entretenimiento. Alguna ventaja tenía que tener…

Por la tarde, pude asistir a unas jornadas en Avan Sabadell. En esta ocasión se trataba de terapia con perros; bueno, una preciosa perrita llamada Lobi, de Lobita. Fue realmente genial porque confluyeron diversos tipos de situaciones de enseñanza-aprendizaje.

En primer lugar, los usuarios jóvenes de Avan, la mayoría de ellos afectados por las secuelas de accidentes diversos y con diversas capacidades físicas y mentales. La jornada tenía el interés de mostrar junto con la compañía y comprensión de los perros, modos lúdicos que incluyen: el cálculo mental, el razonamiento lógico, la comprensión, la expresión, el trabajo en equipo, la diversión y las risas garantizadas, de pasar un rato de ocio en buena compañía.

En segundo lugar, Ana con su preciosa perrita Lobi que nos mostró las capacidades y habilidades de un ser tan especial: dulce, cariñosa, observadora, tranquila, alegre, inteligente… Vino desde Andorra entre curvas y una tremenda calor.

En tercer lugar, un grupo de chicas que estaban presentando su trabajo de fin de Máster de Intervención con perros en discapacidades diversas. Alrededor de ocho chicas encantadoras acompañaron a Ana y Lobi en el diseño y la aplicación del juego de la Oca que nos propusieron.

En cuarto lugar, la profesional de Avan que se encarga de gestionar y llevar este grupo cada sábado en sus actividades. Y nosotras, las voluntarias que pusimos de nuestra parte para que todo resultara bien.

Como así fue. Porque cuando todos quieren disfrutar y facilitar las cosas suele ser así. Porque cuando todos ponemos de nuestra parte es imposible que salga mal, que no se disfrute del momento. Porque hay momentos y lugares en que las personas cuidan de las personas. Porque cuidando a los demás nos cuidamos a nosotros mismos. Porque cuando se disfruta con la sencillez es fácil disfrutar.

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Lobi – juego de la “Oca”.

Gracias a Núria, Anna y Lobi.

Educar. Reeducar.

Justamente ayer, salimos a pasear con Marta de nueve años. Cualquiera diría que no tiene nada especial salir sobre las ocho de la tarde un domingo de junio de ambiente muy agradable. Sí, es cierto.

La cuestión era que, como tiempo atrás, la función del paseo era, aparte de comprar pan para los bocadillos y la cena, y estirar las piernas, conquistar a una pee-adolescente a salir con sus padres cuando cada vez nos unen menos intereses y motivaciones. La otra razón era que al abuelo, que desde hará pronto dos meses vive con nosotros en casa, pudiera “aguantar” un ratito más antes de pedir ansioso que le servimos la cena a las siete y media de la tarde. Así pues, bien acomodado y vigilado por su nieto de dieciséis años, leyendo revistas de historia y mirando un partido de fútbol del mundial, salimos los tres camino de nuestra breve caminata alrededor de la manzana de casa.

Es poner los pies en la calle, que ya nos encontramos conocidos y no tan conocidos; hablamos de lo humano y los divino, porque con una niña de casi diez años de pocas cosas dejamos de hablar. Estamos viviendo en nuestra familia un proceso que se repite cíclicamente en nuestras vidas desde que nos casamos Jordi y yo, en septiembre hará veinte años. La de educar y la de reeducar. Y es que suele pasar cuando vives entre niños y adolescentes, abuelos y bisabuelos.

Es curioso porque pareciéndose ambas funciones, los sujetos y los objetivos de la “intervención” no son los mismos. O mejor dicho, por suerte son diferentes. Ambos son tiranos, unos se pueden “gobernar” contra viento y marea, y bajo la autoridad de la edad que tenemos mi marido y yo como padres. Otros, ya poco se puede hacer; la edad es un quiste que se agarra y que no cede a los consejos amables, otros no tantos, de quienes le observan y cuidan.

Con Marta es divertido poner en común situaciones de cuando era pequeña y su “cabezonería” la llevaba a entuertos evitables. Ahora podemos reírnos de ello y el aprendizaje es genial, incluso demasiado maduro para una niña de su edad. Que siga así; pronto serán ella y su hermano quien me eviten los quebraderos de cabeza.

Con el abuelo es totalmente diferente. Entramos en el juego de contar hasta diez la primera vez que hace una demanda, sin quitarle desde lejos la mirada de encima. La próxima vez, contamos hasta veinte. Y es que lo preferimos. Preferimos no entrar al trapo en discusiones “infantiles” que sólo pretenden mantenernos atrapados a él, por bien o por mal. Porque es curioso que después de tantos años de estar solo, sin amistades ni familia de su edad (88 años), por haberlas tiranizado a todas con su carácter de hijo único “yo lo valgo”, alejando a sus nietos de él con preguntas desacertadas y comentarios desagradables; aún piense que es el centro del mundo. Y ya no señor. Por lo menos del nuestro. Son sus nietos quienes moverán el mundo junto con la generación que están subiendo.

Porque es curiosos que ahora, esos mismos nietos, ese hijo y esa nuera a los que no supo cuidar y alejó de su lado, están ahora viviendo con él en casa, juntos. Aguantándonos los unos a los otros, como sucederá siempre en la historia de las familias y de la Humanidad. Y que sean los jóvenes, casi niños, los que nos den lecciones de educación y reeducación.

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Educar. Reeducar.

Gracias a los niños: Mónica, Enric, Joan, Adrià y Marta; y abuelos de mi familia: Paco, Mercedes, Ana María, Feliciana y Jordi.

Cuerpo tendido si no duerme descansa.

Ayer volvió a ser un día especial. A poco que busquemos, todos los días son especiales. Viene a ser un poco como el dicho de “todos los días se aprende algo”.

En el colegio donde trabajo, se acabaron las sustituciones, de momento. Días de cambios llenos de sorpresas agradables y no tan agradables. Me quedo con las cosas buenas, que son muchas. Y aunque intente olvidarlo, con algún pellizco en la boca del estómago. Como me dijo un compañero “ver, oír y callar”.

Pero ahora no puedo, ya tengo una edad. Ya he callado bastante y, lo que es peor, sacado la rabia con y donde no correspondía y menos merecían. Porque es cierto que pagan justos por pecadores y que la confianza da “asco”. Son los de casa, los que más queremos,  que son receptáculo de nuestra rabia contenida. La edad y la experiencia son, como me comentaba alguien ayer, un grado. Y un Máster en muchas especialidades. Y  sin ir a la Rey Juan Carlos I. Másteres de los buenos; de los que da la vida. Ahora solo me queda dirigir mi rabia como energía hacia el cambio y, si es necesario, verterla en las personas adecuadas. Que sabiendo quienes son, se ahorra una muchas lágrimas amargas.

Son esos años y experiencias compartidas que te llevan a darnos cuenta que no estábamos equivocados cuando ciertas sensaciones nos alertaban de situaciones y personas que, con el tiempo, se ha visto que ahí están por lo que valen. Así, en la escuela donde mis hijos han cursado la primaria, una fusión de sentimientos encontrados. Chicos que se gradúan con 12 años con la ilusión de que aquello que viene, la ESO, será mejor: nuevos compañeros, nuevos maestros, nuevas materias, nuevo grupo clase… Y padres con lágrimas en los ojos al ver que sus “pequeños” van al instituto. Los padres que pasan por su primera vez lloran con sinceridad. Es cierto que se les ve muy pequeños. Los padres que llevan ya dos o tres despedidas sienten, tristemente, alegría por dejar al fin: maestros anquilosados, normas desfasadas, padres de novela negra.

Al acostarme, es cuando la cabeza se pone en funcionamiento y empieza a pasar lista de las cosas sucedidas durante el día. Día que ha pasado entre un madrugón y un trasnoche: unos hijos recién levantados, un café deprisa en la cocina, juegos de agua y risas en el patio, comidas apresuradas de avión en el aula, despedidas fugaces en el pasillo, fiesta final de curso por enésima vez, risas en la barra de los refrescos y momentos inolvidables en el escenario.

Marta, de nueve años, la misma que no se soltó de mis brazos en la fiesta presentación de P-3 y cuya foto del momento escondo en un cajón, bailaba y cantaba afónica en el escenario como si lo hubiera hecho toda la vida. Alegre y nerviosa; contenida y alocada; dulce y esquiva. Lo que siempre intentamos enseñar desde la inexperiencia y la buena fe; y volviendo a los refranes otra vez, que sirviera “lo mismo para un roto que para un descosido”. Porque no sabemos dónde y con quién nos va a tocar vivir. Así que mejor que seamos “adaptables”.

Estuve dos horas en la cama pensando, feliz y en calma. Y es que como decía mi abuela Ana: “cuerpo tendido si no duerme, descansa”.

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Marta.

Gracias a mi abuela (padrina en el catalán, de Tarragona) Ana Alonso Pedrosa.