Carta a la vida.

Hace ya varias semanas, pocos días después del día Internacional de la Mujer; coincidiendo con ciertos acontecimientos laborales y profesionales; después de asistir a una charla de Natza Ferrer, me armé de valor y ante un grupo de compañeras y compañeros de trabajo, representación de la dirección y de administración incluidas, leí un escrito (original que guardo en catalán) El mismo escrito que ahora transcribo. Ahora no hay ánimo alguno, en su momento era la necesidad de expresar antes personas con las que comparto muchas horas de mi vida una experiencia personal que, inevitablemente, ha marcado mi vida y la de todos los que me rodean de un modo u otro. Decía así:

“Me gustaría hacer un inciso, no dejéis que me enrolle demasiado y, por favor, dejadme acabar aunque algunos no entendáis bien bien de qué va.

Desde que sufrí la depresión, que algunos de vosotros “vivisteis” conmigo, he sufrido cambios evidentes, y  para mí decisivos, que necesito explicaros por encima. Durante el proceso de mi depresión sentí, como es evidente y natural, vuestro desconcierto (en algunos), la desconfianza, la envidia y, en muy pocas ocasiones, la alegría por mi mejora; incluso de algunas y algunos que decían ser mis amigos.

Desde hace unos días, observo de nuevo éstos y otros nuevos sentimientos por vuestra parte, consecuencia de mi actitud. Me gustaría explicaros muy por encima lo que me está pasando, ya que compartimos un material de trabajo muy sensible y para mí, el más valioso, las personas.

Deciros que desde que tenía aproximadamente unos catorce años, he sufrido acoso sexual (entre otros) por parte de un familiar muy cercano. Estos últimos días, no hace más de quince, con el apoyo de mi marido, hijos, hermano y cuñada, y amistades de las que me considero también familia, he podido “denunciar” y enfrentarme a este hecho que me ha acompañado más de treinta años de mi vida.

Solamente os lo quería hacer saber y sobre todo a aquéllos que conozco recientemente y que poco saben de mí y yo de ellos, que afrontar esta situación llega acompañada de nuevas decisiones que, quizás, afecten mi trayectoria profesional y vital, y que por tanto, podrán remover ciertas conciencias.

Deciros que el objetivo es cuidar de mí misma por primera vez en muchos años; las personas que puedan sentirse ofendidas, molestas, decepcionadas, desconcertadas… quizás tengan motivos para replantearse qué y cómo han participado en este proceso de cambio, transformación, mio.

Yo tengo claro lo que soy; de hecho, era la única cosa que me faltaba. Creerme lo qué soy, bueno y malo. Afortunadamente, las personas que de verdad me conocen, han estado, están y retornan a mi nueva vida y quieren hacer este nuevo camino conmigo.”

Gracias a todos mis niños. Con el perdón a mí misma de la niña que fui.

 

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Carta a la vida.