La pista está en las pistas.

La pista está en las pistas de la Joventut Atlética Sabadell.

Esta tarde, tras trabajar desde las ocho de la mañana y hasta las seis, acabando con una supervisión clínica de las que cuestan, me he subido en el coche y me he dirigido a las pistas de atletismo de la Joventut Atlètica de Sabadell donde entrena mi hijo.

Hacía días que, debido a los diversos quehaceres de los movidos finales de curso, no había puesto los pies y me apetecía verme sentada en el suelo, con las piernas al sol, bajo la sombra de un arbusto, como Adrià se prepara para una de las últimas pruebas de la temporada en pista exterior en Gijón. 

Y así, casi escondida, discreta, sin dejarme notar, es cuando me gusta observarle a él y al mundo en general. Ver sus movimientos felinos trabajados a golpe de sesiones de duro entrenamiento y voluntad de hierro; salidas milimetradas que se convierten en ejercicios de equilibrio en las que no puede fallar ni un golpe de aire desafortunado; sonrisas y miradas cómplices y agotadas entre compañeros a muerte cuando las fuerzas flaquean; el cariño y la orientación de un entrenador que los siente a todos como suyos, porque son su pasión y su vida.

Allí sentada en el suelo como la niña que fui, me han acudido recuerdos. Recuerdo que en el colegio estaba acostumbrada a correr con mis compañeros a pillar, a matar… En la calle, con mi hermano, jugaba al fútbol. Porque lo mismo hay que valer para un roto que para un descosido. Recuerdo en el colegio unos “señores” que vinieron a la busca de potenciales atletas para las Olimpiadas de Barcelona 92 que ya se andaban forjando. Recuerdo también como me seleccionaron para velocidad, salto de altura y peso. Y también como llegué a casa y, tras decírselo a mis padres, se quedó todo en triste desilusión. Que unas bambas hay que comprar, dices. Que un equipaje hay que tener, dices. Y ahí terminó todo. Bueno, todo no. Continué corriendo en los patios y en la calle durante los tres meses de vacaciones cada verano.

Pasó el tiempo, y llegó mi hijo a casa. Jamás había mostrado interés por hacer una extraescolar; nosotros éramos de horas interminables de parque y visitas a los abuelos y bisabuela. Que ya está bien, decía siempre su pediatra, en Pàmies. Que el niño está sano y ya hace más que muchos adultos en su jornada laboral. Aquél día, la Jas se presentó en el colegio con la intención de presentar el atletismo como un deporte poco habitual, lejos del socorrido fútbol o baloncesto.

Adrià tuvo alguna duda, pero más bien pocas. Tenía doce años y desde entonces no ha parado de correr. No falta a los entrenamientos llueva, nieve o caigan chuzos de punta. Solo una vez faltó a causa de sobre saturación de exámenes. Un día frió de invierno que salíamos de casa casi a las siete le pregunté: “Cariño, ¿no te da pereza salir?””Pues claro, mama. Pero no pienso y tiro palante”. Y así ya llevamos seis años. Ha conseguido varios oros de Cataluña y alguno de España. Pero lo que mejor gana son los corazones de las personas que le rodean. Porque sí, porque tiene madera de líder de los que no necesitan imponerse, con su hablar pausado y escaso; su sonrisa tibia; sus palabras acogedoras; su empatía natural; su sensibilidad por el otro; su tesón y su esfuerzo. Porque como me decía hoy el entrenador, porque tiene talento natural, pero es joven y necesita tiempo. Porque no hace falta correr para llegar antes y mejor a la carrera de la vida. Porque es joven y le quedan años para formarse y llegar a la plenitud en forma, sin lesiones; decidiendo él cuando quiere dejarlo profesionalmente. Y eso sólo se consigue con personas extraordinarias. Mi hijo sabe rodearse de ellas, porque básicamente las atrae; porque se sienten bien en su compañía.

Y yo me lo miro desde la lejanía, casi escondida. Con una pizca de orgullo. Porque una vez alguien me dijo que lo de los velocistas es genético y yo me quedé con la parte que me interesa (que una vez fui algo buena)

Y es al mirarlo que me doy cuenta de todas las cosas que nos ha enseñado al resto de la familia; como ahora nos enseña su hermana. Como la esencia, sea buena o mala, se bebe desde el hogar. Y porque ya no me preocupa que se me pueda escapar una palabra en tono alto si él está ahí para recordarme que él no nos ha gritado nunca. Por poner un ejemplo.

Estirada en la pistas, como una colegiala de cuarenta y siete años, he podido casi respirar la misma energía que cuando tenía doce. Y esta vez, prometo que volveré a que JuanPe, su fantástico entrenador, me prepare una máster class para viejunas y me quite el regustillo que guardo desde que habiéndome elegido candidata para las Olimpiadas no pude participar.

20180619_190242
Pista exterior de la Jas –  Sabadell

Gracias Adrià. Gracias Juan Pe. Gracias Jas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s