Dossier de fin de curso.

Hoy toca mirar el dossier de fin de curso en casa.

Hace solo unos días, lo hacía con mis chicos en el colegio, entre nervios, guerras de agua en el patio, momentos en busca de calma, sonrisas nerviosas… 

Yo no recuerdo de todo esos momentos. Llegó una edad en que el colegio no me gustaba, me aburría, no me sentía cómoda con los compañeros de mi edad. Pero como me dice a menudo mi hijo de 17 años, siempre acabo hablando de mí. Y es que es lo único que puedo explicar sin mentir. Hablar de los demás comporta el riesgo de cometer errores, de no ser precisos.

En mi escuela, de educación especial, el final de curso es también especial. A la alegría por la llegada del verano, se unen la separación de lo conocido, a la rutina, a aquello que cambia previa anticipación. La vuelta en septiembre para nuestros alumnos, hasta que no llevan unos años con nosotros, no forma parte de la rutina. De esa rutina que da seguridad, esa emoción tan importante que les permite aprender, crecer, confiar, amar.

Y hablando de emociones y de dossieres de final de curso, me encuentro en casa con el de mi hija de 9 años, Marta. Lleva en casa, justo hoy, hace una semana. Y porqué será que para los educadores los dossieres de nuestros hijos se quedan siempre para el final. Este año no ha sido diferente; pero no he dejado pasar el mes de junio. No me parecía justo. Ella también se lo merece.

Me paro ante un ejercicio, un pequeño escrito, una descripción física de un personaje a partir de una foto y cuatro datos. El típico ejercicio de libro de texto de lengua. Me llaman la atención los detalles que da; será porque la conozco. Porque sé que atraviesa las cosas con sus enormes ojos negros y no se queda en la superficie. No. Llega hasta el alma, aunque sea de una foto. Está escrito en catalán y dice así:

Las semillas de la vida.

De físico, me lo imagino moreno y con algunos rizos, bastante delgado y con la cara redondita, alto y sus ojos color café. Creo que es muy, pero que muy simpático, que si fuera mi amigo me gustaría estar con él. Y muy, muy estudioso; porque el hecho de preguntar, de escuchar, etc. me hace ver que es muy estudioso y que hace caso a la primera. Es muy alegre, creo que podría estar todo el día cantando, riendo, saltando y bailando. Para mí es como sería Manuel. Gracias por escucharme.”

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Y sigo mirando el dossier, me quedo largo tiempo leyendo sus escritos, sus redacciones, sus diarios de navidad. Y sí; creo que lo estamos haciendo bien. Adora la lectura y empieza a escribir con enorme sensibilidad. Pone su corazón en cada palabra. Y me consta que lo tiene muy grande. Lo mismo que grande es su cabezonería. Espero que unidas ambas cualidades consiga todo lo que se proponga. Nosotros estaremos siempre ahí, animándola. Porque ella está siempre a nuestro lado, incondicionalmente. Mirando con sus ojazos y, ahora ya, opinando con espíritu crítico.

Gracias Marta. Gracias mi Cuchipú.

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