DEBERES DE VERANO.

Desde que nos casamos Jordi y yo, este setiembre se cumplirá veinte años, hemos pasado parte de nuestras tardes tras el trabajo, fines de semana y vacaciones, cuidando de su abuela y de su padre; ambos viudos y, el último como mi marido, hijo único. Los dos solos hemos organizado nuestra pequeña gran vida alrededor de sus necesidades, nuestras posibilidades y nuestros pequeños caprichos. Pequeños como un buen cine, una buena lectura, tres días en un buen hotel en la montaña o la playa, y poco más. Bueno sí; a Jordi le apasionan los cómics, los libros, los videojuegos y mágic. A mí el cine de quererse y llorar, los zapatos y los bolsos. Al principio de estar juntos, participábamos de las aficiones del otro. Así, Jordi empezó a regalarme y regalarse zapatos; y yo a regalarme y regalarle libros y cómics.

Cuando llegaba el verano, se intensificaba el cuidado de nuestros abuelos. Hacer coincidir nuestras vacaciones una semana, o dos, para poder darnos un barrigazo y poco más.

Cuando nació Adrià, el primero de nuestros hijos, continuamos en la misma norma. Tardes al salir del colegio en el parque y sesiones interminables de juegos de mesa en casa del abuelo. Pasados unos años, la pediatra nos preguntó que si hacía deporte o extraescolares. No, doctora. Hace parque tres horas al día y familia, mucha familia. No puede hacer mejor. Necesita hacer deporte. Qué la parece doctora. No, ya los hace. Y además, lo hace en familia. Mejor, imposible.

Llegó el momento en que la abuela envejecía y se multiplicaban las visitas a los hospitales. No sabría decir, dos, tres, cuatro al año. Veranos, puentes, aniversarios, navidades. Y Adrià con nosotros a todos sitios. Su padre entraba a ver a los suyos y él y yo jugábamos a la pelota en los parques. Luego, cambiábamos. Entraba yo y salía Jordi. Hasta que Adriá pidió entrar, y entraba con nosotros. Con sus libros bajo el brazo, sus cochecitos, sus cromos de futbol. Los mismos que le regalaba su abuelo a cambio de compañía. Compañía y amor que el niño, con pocos años, le regalaba incondicionalmente. Porque como un día, cuando parecía que por enésima vez iba a morir, nos dijo que quería a su abuelo como a su propio padre. Y que conste, que el abuelo los tiene, como diría mi madre, como un burro mohíno. Pero esa es harina de otro costal.

Nació Marta siete años después, con un abuelo materno fallecido repentinamente en el mejor momento de su vida y una bisabuela centenaria enterrada pocos años antes. Dura es poco. Durísima, orgullosa, tirana, luchadora. Y continuamos con nuestra sencilla rutina. Parques, paseos, cines a veces, cada vez menos. Y ellos, Adrià y Marta, siempre con nosotros. Siempre con su padre y su abuelo. Un abuelo que no hizo nada por cuidarme y que ha tenido la suerte de tenerme en la distancia. Ahora lo sabe. Qué lástima me dijo. Haber perdido esta dulce compañía tanto años, refiriéndose a mí. Iba tarde. Muy tarde. Pero el tiempo nos dio la razón. Y saqué de su boca el reconocimiento que jamás le dio a su esposa, a su madre. Y que áun da a regañadientes a su propio hijo. Por no decir a su nieto y a su nieta. Marta no lo obtendrá jamás aunque se muera por dárselo, se parece demasiado a su mujer fallecida y a su nuera en la sombra.

En verano, teníamos tiempo de hacer deberes. Es barato, fácil y aburrido. Adrià y Marta jamás consintieron hacerlos. Jordi y yo jamás nos preocupamos por ello. Han hecho jornadas escolares mayores que muchos padres de familia. Han cuidado de los suyos mejor que cualquier adulto que conozcamos. Se organizan, opinan, participan, sufren y disfrutan a la par que Jordi y yo. ¿Deberes? Creemos que hacen más de los que les tocan. Y las notas, las del curso y las de la vida, las sacan con nota alta. Porque si nosotros somos críticos con nosotros mismos, ellos lo son aún más. Por no decir del esfuerzo y la planificación. No hay nada que recuperar en verano. Solo el descanso. La libertad de no mirar el reloj y leer libros, jugar a las maquinitas, a juegos de mesa sentados en el suelo. De mirar películas entrañables, de cocinar juntos platos de máster chef de pacotilla; y de aburrirnos mucho. Porque lo necesitamos. A grandes dosis.

Y entonces llegan los deberes de verdad. Esos momentos, casi dos veces al año, como poco, en que estando juntos nos aguantamos, nos observamos, nos evaluamos, nos auto-evaluamos, nos enfadamos y mucho, nos reímos, nos criticamos, nos mimamos… Y nos ponemos nota. Decidimos juntos si nuestro proyecto familiar sigue adelante. Con nuestros pequeños grandes retos. Con nuestras debilidades y con nuestras fortalezas. Con la energía de unos y la cabezonería de otros. Con la mirada de los niños y con la mirada de los adultos. Y cada año, después de lecciones de vida que cada vez nos dan más Adrià y Marta que Jordi y yo a ellos, pasamos juntos de curso. Porque somos un equipo. Y como dijo Adrià, nuestra familia es un proyecto que hemos creado sobre una planificación; que tiene unos objetivos; que se basa en unos valores conjuntos y muy apreciados; que necesita de cada uno de nosotros para tener las cuatro patas de este banco, o barco. Porque navegamos juntos ante viento y marea. Porque cuando uno estira la rienda el otro la afloja. Porque cuando uno habla demasiado, el otro calla. Y después, en la intimidad, nos dan lecciones de humildad, valores y amor incondicional.

Porque ahora, Adrià y Marta ya saben de la vida casi tanto como nosotros. Solo tienen 17 y 9 años. Lo único que les falta son años. Porque de experiencia tienen para enseñarles a sus padres algunas cosillas…

– ¿Deberes este año?

– No. Nosotros hemos pasado con buena nota.

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JAVIER VALLE.

IX ENCUENTRO NACIONAL APFRATO 2018 – GRANADA

Javier Valle

Javier Valle
Javier Valle

“CONSTRUIR DESDE LA NORMA”.

ESPECIA – ANÍS ESTRELLADO

anís estrellado

Dr. En Ciencias de la Educación. Profesor en UAM. INVESTIGADOR: UNESCO, OEI y EURYDICE.

LA ESFERA DE VALORES OBJETIVADA: UN MARCO NORMATIVO PARA UNA ESCUELA UNIVERSAL.

“Tres cuestiones”.

  1. ¿Se puede educar sin normas?

  2. ¿Los valores son objetivos o subjetivos?

  3. ¿Qué valor “consideramos” más importante?

“Norma. RAE”.

Regla o Precepto Jurídico.

“Las 3 enes de la Norma”.

  1. Lo Natural. Lo natural no marca lo que hace a mayoría. ¿Puede la cultura convertirse en norma? Tomemos como ejemplo la ablación.

  2. Lo Legal. La esclavitud.

  3. La Costumbre. “Lo Cultural”.

Lo Natural.

– Lo moral,

– el sentido del bien y el mal,

– valorar positivamente lo bueno: promover y

– Estimar.

Lo Legal.                                                                                           

La Costumbre.

“Lo cultural”

LA NORMA DEBE FUNDAMENTARSE SOBRE EL MUNDO DE LOS VALORES.

“¿Sobre qué estimaciones?¿Sobre qué valores?”

“¿Los valores son objetivos o subjetivos?”

Estimar. Considerar (dar/reconocer) una realidad como positiva (buena, deseable)

LOS VALORES SE CONSTRUYEN MEDIANTE LA NTERSUBJETIVIDAD.

De las interacciones entre las personas cuando están ante un mismo hecho se produce una estimación compartida que se OBJETIVIZA.

Estimaciones y valores se sustentan en:

Una jerarquía de valores

ESFERA DE VALORES

Los valores con el paso del tiempo “mutan”,< “cambian”. SE REORGANIZAN.

“¿Qué valor “consideramos” más importante?”

 Música:

“No pide tanto idiota”. Maldita Nerea.

ANTES DE QUE LE DIAGNOSTIQUEN ANSIEDAD O DEPRESIÓN, ASEGÚRESE DE QUE NO ESTÁ USTED RODEADO DE IDIOTAS.

 

En grupo se aprende más (y mejor) — Centro de Aprendizaje Cooperativo

Compartimos con vosotros esta noticia que ha salido en el periódico El País el 18 de julio pasado, en la que ha participado Javier Bahón y mencionan al Centro de Aprendizaje Cooperativo. https://elpais.com/economia/2018/07/17/actualidad/1531835822_840423.html?id_externo_rsoc=FB_CM La entrada En grupo se aprende más (y mejor) se publicó primero en Centro de Aprendizaje Cooperativo.

a través de En grupo se aprende más (y mejor) — Centro de Aprendizaje Cooperativo

JOSÉ PICÓ.

IX ENCUENTRO NACIONAL APFRATO 2018 – GRANADA

JOSÉ PICÓ

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José Picó – Twitter

“CONSTRUIR TIRANDO LADRILLOS”.

ESPECIA – EL CLAVO

clavo

Humanista y arquitecto. Dedica el 90% de su tiempo a actividades sin ánimo de lucro.

“Las cinco pieles” de HUNDERWASSER:

1. La epidermis,

2. la ropa,

3. el hogar,

4. el entorno social y la identidad, y

5. el entorno mundial, Ecología y Humanidad.

La paradoja de la percepción

“Versatilidad”. Palabra que debe definir los nuevos espacios.

“Design thinking”. 

 

“¿Qué podemos hacer nosotros?”

Falta presupuesto en la escuela pública. No hay “colaboración”/ acuerdo entre la dirección y el equipo docente. HAY QUE HACER PEQUEÑAS TRANSFORMACIONES EN NUESTRAS AULAS. Un ejemplo básico:

“Leds”. Evitar fluorescentes en el aula ya que está demostrado que perjudican al cerebro. Es cierto que la inversión es cara ya que el coste es mayor. A la larga, el menor consumo de luz se reduce y se amortizan.

En el aula, una manera de aumentar la sensación de frescor en verano es cubrir los cristales con papel celofán en colores fríos (azules, violetas…) Por el contrario, para aumentar la sensación de calidez se cubren con colores cálidos (rojo, naranja, amarillo…)

Bibliografia recomendada:

  • “El Principito”. Antoine de Saint-Exupéry
  • “Los innovadores”. Walter Isacson.

Película:

  • “Los chicos del coro”. Bruno Coulais.

Autores/investigadores recomendados:

  • David Sousa. Neurología/neuro educación.

18 de Julio de 2018 y coincidiendo con el centenario del aniversario del nacimiento de Nelson Mandela.

Gracias José Picó.

Neuroeducación en la Infancia.

La semana pasada asistía a la formación ofrecida por Educatio y llevada a cabo por el profesional Jesús C. Guillén.

A Jesús tuve al placer de conocerle en Granada, en el IX Encuentro de APFrato. Hay que decir que guardo un magnífico recuerdo de todos y cada uno de los formadores que, durante aquel fin de semana, nos hicieron sentir como auténticos niños. Un poco como los niños que corrían por los pasillos y que llevan cada año a cabo toda la organización del evento. Éramos niños entusiasmados, atentos, bailando, cantado, sin pestañear, sin querer ir al baño para no perdernos ni un solo detalle de lo que se estaba cociendo en aquella inmensa sala del hotel Barceló Granada. Porque éste es otro cantar; Granada. Este cantar da para otra entrada. Porque en Granada tengo mis mejores recuerdos en familia y, ahora también, un pedacito de mí. Mi sobrino Enric está cursando la carrera de Historia desde el curso pasado. Y no se puede ser mejor persona y estudiante, mejor hijo, sobrino, nieto y primo.

Así pues, no quiero desviarme de la conversación y volver a Jesús C. Guillén. Del mismo modo que en Granada, asistir a cualquier actividad formativa que él plantee está llena de aprendizaje y motivación garantizadas. Por temas personales, que Xavi conoce, solo asistí al segundo día de la formación. Xavi es el director de Educatio y gestiona los cursos con todo el cariño y dedicación del mundo.

Durante ese miércoles, pude disfrutar junto al resto de asistentes, bajo una estructura grupal de trabajo cuidada al detalle, a la presentación de los temas:

– el cerebro motor,

– el cerebro cognitivo y

– el cerebro social.

Encontrar a una compañera del Grupo Experto en Educación Emocional en el Ámbito Escolar fue la guinda del pastel. Encantadora persona que, embarazada de varios meses de su tercer hijo, se muestra entusiasta y feliz como la niña que fue; como las niñas que fuimos. Me recibe con una sonrisa, me busca asiento a su lado, cerca del grupo que ha estado disfrutando junto a ella de la realización de técnicas grupales diversas.

Y como niñas, como la de la foto que aparece a pie de mi Blog, pasamos cinco horas maravillosas, irrepetibles o no. Porque espero encontrarme de nuevo con ella, con Jesús C. Guillén, con todos los que este día caluroso de julio nos encontramos mirando con los mismo ojos, con la misma Mirada, con el mismo objetivo.

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Gracias a Educatio y, especialmente, a Xavi. Gracias a Jesús C.Guillén. Gracias a Maria José.

Estar en casa.

Esta noche ha vuelto a suceder. Sueño mucho, mucho. Curiosamente, y como mi marido me pregunta con una gran imaginación y fantasía innatas, respondo que no son sueños fantásticos. Son reales, con personas reales, en situaciones reales. Límite, pero reales. No salen monstruos, no salen robots; no mato a nadie, no muere nadie. Y sí. El intento, el trasfondo, la idea, la vivencia, la experiencia, lo sentido subyace en el fondo. Es tan simple como sentir los efectos secundarios de una medicación que aún sostengo unida a la emoción vivida al mirar un programa en TV3 ayer noche, con el cual me identifico, me siento feliz. Siento que ser como soy ha sido duro. Que me ha costado y les ha costado muchos esfuerzos y sacrificios a todos los que han vivido conmigo.

El detonante de mi enfermedad es fácil saberlo. Las causas también. No hace ninguna falta recordar, solo ver la luz al final de Mordor, cuáles son las causas y pensar en ellas antes de ver el segundo rayo de sol, como me recomendó la psicóloga (poco acertada a mi parecer) y a la que no volví. Tengo que decir a su favor que me ayudó a hacer un dibujo. Un dibujo al que yo le di todos los detalles y que no fui capaz de poner nombre. Hice la metáfora perfectamente. La sentía en mi alma cada día del mundo durante casi un año. La representaba de todos los modos posibles y la podía identificar. Ponerle nombre era la más difícil. Era reconocer que aquello que me había mantenido fuerte se estaba derrumbando. Era mi casa.

Recuerdo que entraba en ella y solo veía los defectos: la brecha en la pared, la pequeña humedad en el pequeño lavabo, las juntas de un suelo perfectamente instalado. Cosas que jamás me habían preocupado porque dentro tenía al tesoro más preciado que tengo. Mi familia.

Mis hermanos, superados por la situación y hartos de ella, me recordaban trucos para salir adelante. Trucos que sabía de maravilla porque eran tan simples como los que, durante la misma enfermedad de mi padre, usábamos en casa instruidos por una madre superviviente.

Visto en la perspectiva y pudiendo hablar de ello, qué fácil es lo fácil cuando se está bien. Y que difícil resulta hasta respirar cuando se está mal.

Este curso me apunté a un Grupo Experto. Máster le llamaba yo. Que me da igual, que no hay malicia, que no hay intención de mentir. Es que no me salía el nombre. Incluso lo escribí en mi currículum. Ahora lo esccribo bien cuando me acuerdo. Cuando no, se queda igual. Porque quien me conoce sabe que no miento. Y quien no me conoce ya me preguntará si de verdad merece la pena conocerme. Con mis fortalezas y con mis debilidades. Se necesita tiempo, sí. Pero soy trasparente, muy trasparente. Y más sencilla que el mecanismo de una radio. Solo hacen falta ganas y tiempo. En eso, Jordi mi marido, sí que tiene un Máster. No reconocido por ningún Ministerio de Educación. Pero reconocido por sus hijos, que es lo que a mi familia le vale.

Ayer noche volví a soñar. Y esta mañana volví a pensar. Porque soy de pensar; que le voy a hacer. Porque aunque como dice un dicho catalán “Pensar fa de ruc” (pensar hace de burro, el animal) Porque si piensas y no haces nada mejor, no pienses y quédate tranquilo. Pero a mí no me sale. Bueno, no me salía hasta ahora. Estaba educada en la ley del silencio. Ahora no. Porque no puedo enseñarles a mis hijos una cosa y hacer otra. Porque somos el espejo en que ellos se miran y beben. Porque ya he callado demasiado. Porque ahora me toca a mí. Porque ya no soy la última, ni la tercera, ni la segunda. Soy la primera. Porque si yo no vivo no veo vivir a los míos. Y yo los traje al mundo. Ellos no me pidieron venir. Así que quiero verles en todos los momentos. No perderme ningún detalle. No perderme ningún segundo más.

Ayer coincidí con una compañera del Grupo Experto. Un dulce, una maravilla. Encantadora. Como dice mi marido. Como dicen mis hijos cuando conocen a alguien que les llega al corazón.

Ayer volvía a acordarme de todos y cada uno de ellos. Como la tarde antes mientras descargaba las fotos en el ordenador. Y me acordaba de C.A.S.A. El acrónimo del curso que tantas veces usamos entre nosotros para recordarnos como debemos sentirnos ante las situaciones que nos desbordan.

Y sí. Hay que sentirse en casa. Y en C.A.S.A. Porque es en casa y con C.A.S.A. que nos sentimos mejor. Que podemos querer mejor. Que podemos enseñar mejor. Que podemos ser como somos. Porque eso es lo que nos hace diferentes. Porque ser diferentes nos hace especiales. Porque ser diferentes es lo mejor que nos puede pasar. Aceptarlo es solo cuestión de tiempo. A veces, hacen falta pesadillas.

Bienvenidas las pesadillas si sabemos aprender de ellas.

Gracias a todos mis compañeros del Grupo Experto en Vinculación Emocional Consciente

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Gracias a mi familia. Gracias a casa y a C.A.S.A.

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Nos llueven los invitados.

Si algo nos gusta en casa junto con estar juntos, valga la redundancia, son los animales. Llevo una lucha con ellos, la típica de todas las familias, por “evitar” que entre en casa un gato. Me venden la moto de que son autónomos, que no necesitan salir de casa, que son muy limpios…

Todo lo que me explican lo sé. Porque si alguien me hizo un día el regalo que vale por todos los regalos, fue mi padre presentándose en casa con una gatita blanca, joven y asustada a la que llamamos Nina (muñeca en catalán) Ella fue para mí eso, la muñeca que jamás antes me habían regalado. Era arisca con quien no conocía y protectora y dulce, aunque distante a momentos, con los de casa. Nos enseñó más que las visitas al zoo de los niños en primaria y todos los programas de la 2. Observarla en movimiento era un placer para la vista. Los movimientos felinos son dignos de mirar y analizar. La sutilidad y gracia te dejan ensimismado. Ni la mejor película o serie son capaces de mantenerme tan absorta como un gato en movimiento.

La gatita creció y nos salió viajera. El instinto natural, digo yo. Se lanzaba a aventuras por las casas de los vecinos. Muchas veces desaparecía durante uno o dos días, para volver negra como el carbón y asustada. Las primeras ocasiones nos tuvo con el alma en vilo. No sabíamos si volvería hasta que nos mostró que no podía reprimir el instinto de conocer cosas nuevas pero que su casa era la nuestra.

Y sucedió lo natural. Se presentó preñada. La maravilla de traer al mundo un ser vivo en casa; en vivo y en directo, sin youtubers ni documentales. Explicarlo me llevaría días, porque no recuerdo acontecimiento más dulce hasta el nacimiento de mis sobrinos y, posteriormente, mis hijos. Me enseñó, sin hablar, como se cuida, se ama y se protege incondicionalmente.

Saltando en los años, prefiero no pensar cuántos, vuelvo a este fin de semana. Una vecina. La vecina, la hermana, la maestra, la referente, la tía de mis hijos, la educadora incondicional… me pide si nos puede dejar a Aura, su perrita blanca, en casa un día porque tiene que ausentarse. Si no puedes me lo dices, sin compromiso Mercè. Y yo sonrío en silencio, se me alegra el alma como no hacía días. Pienso en mi hija, en sus deseos. En lo fácil que es complacerla aunque ella aún no lo sabe. Y le contesto que sí, que solo tiene que decirme cuando la trae. Pero eso sí; que no se lo diga a nadie en casa que es una sorpresa.

De este modo, ayer se presentó mi hijo mayor con Aura en casa. La perrita lo adora, le conoce más que a nadie de la familia porque ha pasado interminables horas en su casa, estudiando, jugando, aprendiendo de la vida con Pau. Y Marta la ve, y se le ilumina la cara. Abre sus enorme ojos oscuros todavía más. Pensaba que no era posible. Y sonríe. Está feliz. Tiene todo lo que una niña de casi diez años desea un fin de semana de julio no demasiado cálido pero algo tedioso. Convertirlo en el mejor día en mucho tiempo, como ella misma dice; como dice su padre. Un fin de semana en casa, con la familia, con juegos de mesa, de palabras encadenadas, de agua en el patio con una manguera y un cubo, con su padre al que adora, con su hermano al que idolatra, con su abuelo al que respeta y empieza a conocer, y conmigo… Espero que me quiera solo la centésima parte de lo que la quiero yo a a ella.

Y es que últimamente nos llueven los invitados. Será porque tenemos algo más de sitio en casa. Es posible. No lo sé. Lo que si sé es que Aura está a gusto y tranquila, feliz. Y eso solo lo dicen los ojos de un animal.

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Gracias Aura, Mari Carmen. Gracias familia.

Hoy me quedo con el amor.

Venía de Barcelona tan centrada en las noticias de la radio, llevaba todo el día sin oír las noticias, que incluso me he desviado en un cruce equivocado. Hecho que he aprovechado para probar rutas alternativas, sin prisa, sin el miedo que antes me producía perderme por la ciudad condal. Justo con el sentimiento contrario, de indagar, de descubrir, de control.

Ha sido entonces que, recitando a mi estimada Mari Carmen, llamemos causalidades y no casualidades, los pensamientos todos variados y diversos confluían como si el hilo invisible de mi experiencia tejiera una historia común alrededor de ellos.

Salía del Hospital de Sant Joan de Déu de un curso de actualización en el manejo de Trastornos del Aprendizaje. En ese momento, la noticia que radiaban era acerca de la polémica surgida sobre el trasplante de hígado de un jugador de fútbol y las extrañas circunstancias que, de repente, salen a la luz a través de unas escuchas enviadas a un medio de comunicación. En ese momento, mi cabeza llena a rebosar de información sobre las dificultades de Aprendizaje, diagnósticos, intervenciones, medicaciones, hoy ha tocado TDAH, y sobre las buenas vibraciones y humanidad que el equipo médico formador de Sant Joan de Déu trasmite; que mi mente se enfrenta a la dicotomia de la duda que levanta la noticia sobre el presunto dudoso trasplante y sus circunstancias, y la de ética de los profesionales sanitarios que la realizaron.

Automáticamente, viene a mi memoria una experiencia desagradable, no comparable en dimensión a la del jugador de fútbol, que viví en un Hospital Público de Sabadell hace poco más de tres meses. Situación que recuerdo con un nudo en el estómago a pesar de la morfina que me suministraron para calmar el dolor producido por la protusión discal que sufro, motivo por el cual acudí a urgencias, y para paliar los dolores detonados por un antiinflamatorio que me inyectaron en vena, previo aviso por mi parte de que me producía tremendas migrañas tal sustancia. Recuerdo como el dolor no remitía ni en mi espalda ni en mi cabeza; y como aumentaba el dolor en mi alma ante el trato inhumano y despersonalizado que nos suministraban a los enfermos que allí esperábamos alivio.

Fue ante los comentarios irrespetuosos lanzados al aire y cargados de intención, intención de queja por las malas condiciones en las que los profesionales de la sanidad trabajan en estos tiempos de crisis y recortes; pero quejas mal gestionadas y enviadas a oídos de receptores inadecuados, por desvalidos y por desautorizados en tales competencias. Fue ante palabras cargadas de cinismo y menosprecio que decido tramitar una queja. Fue a partir de ahí que mi dolor acababa solo de comenzar. Espero en breve, tener el valor de tramitar la queja formal y legal a la autoridad competente y a los medios de comunicación adecuados. Porque sé que aquel día “rodaron” cabezas en el Taulí; sí, las menos culpables, los cabeza de turco. Y también sé que aquel día, allí, unos profesionales me mostraron su lado más deshumanizado; el lado que un enfermo jamás debe llegar a ver.

Hoy, me quedo con las palabras, el consuelo, las sonrisas, los puentes tendidos a la esperanza, a la recuperación, a la comprensión del ser humano… del equipo de formadoras del Hospital de Sant Joan de Déu de Barcelona. Hoy me quedo con el amor.

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Gracias a Cristina Boix, Elisabeth Saudes, María Garau, Montse Guitet, Cristina García, Anna Valenzuela, Montse Arellano, Anna Mesas, Encarna Calderón, Cristina Carmona, MªTeresa Nascimento, Bet Ristol, Esther Ochoa, Roser Colome, Marta Valls.

La magia de escribir.

Hace unas semanas, cómo pasa el tiempo, asistí al IX ENCUENTRO DE APFRATO.

Por circunstancias que prefiero no recordar, no pude asistir a las primeras ponencias de la tarde del viernes. Entre ellos estaba José Antonio Marina. Y es ahora que me quedo sin palabras porque siento el vació en mi corazón.

La “pérdida” de conocimiento que sentí en ese momento solo me quedó compensarla comprando este libro. Podría haber comprado otros; pero la espinita clavada la tenía con éste. Porque ahora que intento escribir este Blog como puedo: con cariño, con pasión, con buenas intenciones, con poco tiempo… con ilusión; sentirle a él hubiera sido la mejor clase magistral de mi vida.

Cuando puse los pies en el hotel donde se llevó a cabo el evento, su voz despidiéndose y agradeciendo al publico sus aplausos incesantes, llegaba hasta el hall. No había nadie por los pasillos; nadie quería perderse su presencia, sus palabras, sus consejos. Me sentí, sin poder evitarlo, tan resentida con la persona que no permitió que tomara el avión de las tres de la tarde y haber llegado antes a Granada, que preferí no entrar en la sala. Me dirigí al mostrador y me uní a la escasa cola de personas que dejaba las maletas, y me obligué a no pensar que había dejado pasar un tren. También me prometí a mi misma, que era el último por motivos parecidos. Porque hay motivos y motivos trascendentes  que en este momento de mi vida permiten que haga o no cosas. Y justamente, los razonamientos / argumentos de esta persona no entran dentro de esas categorías.

Leído el libro y ahora con más palabras, más fuerzas, más ganas; que no todo el conocimiento y aptitudes para escribir que debiera tener y que espero conseguir con el tiempo, si más no intentarlo, solo me queda recomendaros la lectura de éste y cualquier otro libro de J A Marina. Y esperar, yo estoy en ello, que os toque algún día la varita de “La magia de escribir”.

Siento por J A Marina decirle, ahora que nos oyen pocos, que soy bastante tozuda y persistente, y que encima tengo una edad para tener las ideas bastante claras. Así que “rezo” para encontrar el día en que pueda sentarme en la última silla de las enormes salas que acostumbra llenar, para escuchar sus palabras. Porque leerlas ha sido como abrir la caja de los truenos. Y ahora, de mi cabeza brotan planes que antes no hubiera siquiera imaginado. Y aviso, soy muy, muy tozuda Marina.

JA Marina

Un pequeño libro. Un gran regalo para el alma de los que algún día soñamos que podríamos escribir.

Gracias JA Marina y María de la Válgoma.