Hoy me quedo con el amor.

Venía de Barcelona tan centrada en las noticias de la radio, llevaba todo el día sin oír las noticias, que incluso me he desviado en un cruce equivocado. Hecho que he aprovechado para probar rutas alternativas, sin prisa, sin el miedo que antes me producía perderme por la ciudad condal. Justo con el sentimiento contrario, de indagar, de descubrir, de control.

Ha sido entonces que, recitando a mi estimada Mari Carmen, llamemos causalidades y no casualidades, los pensamientos todos variados y diversos confluían como si el hilo invisible de mi experiencia tejiera una historia común alrededor de ellos.

Salía del Hospital de Sant Joan de Déu de un curso de actualización en el manejo de Trastornos del Aprendizaje. En ese momento, la noticia que radiaban era acerca de la polémica surgida sobre el trasplante de hígado de un jugador de fútbol y las extrañas circunstancias que, de repente, salen a la luz a través de unas escuchas enviadas a un medio de comunicación. En ese momento, mi cabeza llena a rebosar de información sobre las dificultades de Aprendizaje, diagnósticos, intervenciones, medicaciones, hoy ha tocado TDAH, y sobre las buenas vibraciones y humanidad que el equipo médico formador de Sant Joan de Déu trasmite; que mi mente se enfrenta a la dicotomia de la duda que levanta la noticia sobre el presunto dudoso trasplante y sus circunstancias, y la de ética de los profesionales sanitarios que la realizaron.

Automáticamente, viene a mi memoria una experiencia desagradable, no comparable en dimensión a la del jugador de fútbol, que viví en un Hospital Público de Sabadell hace poco más de tres meses. Situación que recuerdo con un nudo en el estómago a pesar de la morfina que me suministraron para calmar el dolor producido por la protusión discal que sufro, motivo por el cual acudí a urgencias, y para paliar los dolores detonados por un antiinflamatorio que me inyectaron en vena, previo aviso por mi parte de que me producía tremendas migrañas tal sustancia. Recuerdo como el dolor no remitía ni en mi espalda ni en mi cabeza; y como aumentaba el dolor en mi alma ante el trato inhumano y despersonalizado que nos suministraban a los enfermos que allí esperábamos alivio.

Fue ante los comentarios irrespetuosos lanzados al aire y cargados de intención, intención de queja por las malas condiciones en las que los profesionales de la sanidad trabajan en estos tiempos de crisis y recortes; pero quejas mal gestionadas y enviadas a oídos de receptores inadecuados, por desvalidos y por desautorizados en tales competencias. Fue ante palabras cargadas de cinismo y menosprecio que decido tramitar una queja. Fue a partir de ahí que mi dolor acababa solo de comenzar. Espero en breve, tener el valor de tramitar la queja formal y legal a la autoridad competente y a los medios de comunicación adecuados. Porque sé que aquel día “rodaron” cabezas en el Taulí; sí, las menos culpables, los cabeza de turco. Y también sé que aquel día, allí, unos profesionales me mostraron su lado más deshumanizado; el lado que un enfermo jamás debe llegar a ver.

Hoy, me quedo con las palabras, el consuelo, las sonrisas, los puentes tendidos a la esperanza, a la recuperación, a la comprensión del ser humano… del equipo de formadoras del Hospital de Sant Joan de Déu de Barcelona. Hoy me quedo con el amor.

sant joan

Gracias a Cristina Boix, Elisabeth Saudes, María Garau, Montse Guitet, Cristina García, Anna Valenzuela, Montse Arellano, Anna Mesas, Encarna Calderón, Cristina Carmona, MªTeresa Nascimento, Bet Ristol, Esther Ochoa, Roser Colome, Marta Valls.

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