Cartas de verano: de cierre, de hasta siempre, de ánimo.

Llevo todo el día, es mi útilmo día de vacaciones, haciendo cosas. Es un modo de dejar cerrados aquellos temas, papeleos… que sé que no volveré a tocar hasta las próximas vacaciones, cortas o largas, puente o fiesta de guardar. Por otro lado, es un intento de tener la mente ocupada para no pensar en todo lo que dejo atrás este verano.

Podría pensar que cada año sucede los mismo. Recuerdo el último como el mejor, el inolvidable, el irrepetible (por bueno o por malo), el recomendable, el de terror, el de familia, el de coger aviones, el de…

Y éste no iba a ser diferente. Como suelo contentarme con poco, hasta los más horrorosos nos enseñan algo, éste no va a ser el mejor en años; pero sí difícil de superar porque son tantos los hechos diversos, los aprendizajes, los recuerdos, los sentimientos, los pensamientos, los libros leídos, los libros por leer, las series miradas a medianoche, las noticias dolorosas en televisión.

Y las miradas; porque este Blog se llama miradas. Y en su primer verano, me llevo muchas miradas. Algunas nuevas, algunas recuperadas, algunas perdidas, algunas de tristeza, algunas de rabia; y muchas de alegría, de aprendizaje, de belleza, de humildad, de cariño, de simpatía, de sorpresa, de agradecimiento. Me quedo con estas últimas.

Así pues, evitando estar sola, agarrada a una escoba y un mocho, ponía orden en una habitación que no lo necesitaba. He cogido un cubo, agua, jabón y escalera, y me he puesto a lavar el coche. Mi coche estará impecable el primer día de trabajo. Al menos, alguno de los dos que vaya impecable y con lo faros abiertos. Lo malo ha sido que, en el intento por arrancarlo para cambiarlo de sitio, el puñetero no ha querido arrancar. Me pregunto yo si me estará diciendo algo por lo bajito, a la oreja; que ya son catorce años de conocernos, que no me falles hoy. Que aunque mañana llame al del seguro, no es la solución. La última vez vino un chico muy majo que si vuelve mañana me quita las ganas de ir fijo al trabajo y me voy con él a desayunar. Por decirlo de alguna manera. He subido a casa y lo he comentado, sin dar importancia. Aún no he llamado. De verdad, de verdad, que llamo cuando acaba de escribir. Palabrita de auxiliar técnico educativo en su último día de vacaciones.

He continuado haciendo cosas. Que si dos capítulos de Juego de Tronos, qué interesante está. Que si prepara la bolsa para mañana vaya a ser que te dejes algo; qué más daría. Que si lee la orden del día de reuniones; para qué sin nadie de la lee, no la seguimos o, lo que es peor, la cambian a ultima hora y tenemos que tirar el folio, malgastando papel de nuestro bolsillo. Cojo el móvil. Pongo las noticias. Siempre pasan cosas a última hora de las vacaciones y no me entero de nada; quedando mal allí donde se comentan. Pero, que más da. Entro en los WhasApps; llevan sonando varios desde que me he despertado.

El primero es de la princesa de mis vacaciones; que no mi hija. Ella no me envía WhasApps, de momento; se ha pasado los días pegada a mí, a su padre o a su hermano; no hay nada que no sepa por su parte, si ella quiere que lo sepa. Es Tatiana, la voluntaria más joven que me ha acompañado en el Cuidem 2 de Avan en Capmany la semana pasada. Explicar lo poquito que sé de su historia no me corresponde; pero que para mí sea como la princesa Anastasia, es porque hace verdadero honor a ser princesa y a ser rusa. Me pregunta cómo estoy, lleva una semana durmiendo bajo prescripción de su madre, de Charo (su madre voluntaria) y mía. Porque es un ángel de niña; porque no paró de sonreír, reír, saltar, cantar, bailar, abrazar, besar, animar, escuchar, ayudar, ayudar, ayudar más, cuidar, cuidar, cuidar más. Me ha enseñado lo que muchas familias intentamos trasmitir a nuestros hijos. He podido ver en ella la buen gente que hay en el mundo que va a seguir cuidando de los que son menos afortunados que nosotros. Quiero pensar que la similitud que le he encontrado entre Tatiana con Marta y Adrià, mis hijos, va más allá de mi añoranza por estar lejos de ellos durante una semana. Y estoy segura que sí porque veo en los tres la misma mirada.

Marta, ya he hablado de ella, ya sabe que Tati estuvo en los campamentos, que compartimos habitación, que me dejó un bolso cuando rompí el mio, que le presté mis chanclas porque ella no llevaba, que canta como los ángeles, que baila como una cabrita, que tiene dos perros… Marta ya la adora antes de conocerla. Porque es fácil que ambas se adoren cuando se conozcan.

Entonces, escribo el nombre de mi hijo en el buscador y le escribo algo; tengo que despedirme de las vacaciones y de él; vuelven los tiempos en que pasamos dos días o tres sin vernos. Es en esos días cuando tendré que colarme en su habitación a riesgo de que me dé una contestación, digamos, abrupta. Pero una madre, o al menos yo, prefiere un gruñido a no saber de su hijo en días. También hay que decir que soy un poco perro verde y que me va la marcha. Y le escribo esto:

2/9/18, 09:12 – Mercè: Bon dia.
Hoy es mi último día de vacaciones. Gracias por estar ahí cuando crees que debes estar y, lo mismo, cuando decides no estar con sutileza, a veces, con desdén, otras. Te entiendo aunque no me creas. Nosotros, yo, tus padres, también tuvimos 17 años. Lo que no tuvimos fue la fortuna de ser la mitad de inteligentes y justos que tú.
Solo hay una cosa que me duele un poco, en su justa medida pero me duele. Y es cuando viertes tu enfado contra tu padre en mí. O cuando por otros motivos que te corroen, sea solo yo la que pille cacho.
No soy tonta y tengo de madre, psicóloga y bruja a partes iguales. Por ello me consuelo pensando que es lo normal en una persona de tu edad. Pero aún así, a veces me duele. Será el tiempo, el síndrome premenstrual o ya la menopausia, o el dolor que produce saber que el que hoy tiene el sentido común en casa me recuerda que me hago mayor, pesada, y prescindible.
Iré asumiéndolo poco a poco, te lo aseguro, qué remedio. Yo quiero estar aquí, para bien o mal. Porque lo he decidido. Lo mismo que decidí tener dos hijos maravillosos que ahora tienen, como derecho y obligación, ponerme en mi sitio.

Espero que sea por muchos años.

De momento, gracias por regalarme estas vacaciones.

Sobre su contestación no diré nada; como anuncio en mi escrito, es juiciosa y calmada.

Y ya metida en faena, le escribo a Mercè, mi amiga, mi hermana. Ayer volvió de vacaciones y si la llamara estaríamos cinco horas hablando. Y deshacer su equipaje de casi tres semanas es prioritario para ella que también empieza a trabajar mañana. Así que le escribo también:


2/9/18, 09:29 – Mercè: Necesito tiempo para poder decirte alguna cosa, de entre todas las que mereces oír.

2/9/18, 09:40 – Mercè: No le digas a nadie, menos a Santi, lo que te acabo d escribir de Adrià. No le gusta que hablen de él. Ni bueno ni malo.¿a quién se parecerá este niño 😉? A su madre y a su tía Mercè, quizás.

Te quiere con dulzura. Admira y adora tus detalles; prudentes y adecuados cómo sois los dos. Saber estar, paciencia, genio y dulzura. La mezcla perfecta para la salsa de nuestras vidas. Marta frisa contigo, con vosotros. Le costó porque ella es así. Va de dura, como su padre y luego se derrite ante tu risa y el insistente encanto de Santi. Jamás, antes de Santi, otro hombre que no fuera su padre le robó el corazón.

Menudo papel os ha tocado. Porque el día que nosotros faltemos, ambos, Marta y Adrià, van a buscar en vosotros su hogar.

Tenéis la llave. Consideraros “afortunados” porque tú ya sabes que mis hijos no se van con cualquiera.Es mi regalo, son nuestro regalo. Yo los parí y tú me cuidabas y los cuidabas en discreción, prudencia, rectitud.Este año hace 20 que me casé, 33 que te conozco y desde entonces me has “salvado”la vida; el culo.

2/9/18, 09:40 – Mercè: Gracias, gracias, gracias.

2/9/18, 09:41 – Mercè: Dile a nuestros padres que les quiero. Yo intentaré hacerlo cuando se me vaya la tontería del síndrome menstrual.
2/9/18, 09:41 – Mercè: A Rai, que es el trocito de hermano q
ue perdí cuando el mio decidió ir a vivir a Gerona.

2/9/18, 09:45 – Mercè: Y a Santi, que se crea ya lo que es. Porque tener una mujer cómo tú, no la puede tener cualquier hombre.
Y, que yo sepa, te tiene en el saco. 
Así que le eche orgullo, valor y “collons” y le enseñe al mundo lo que es y vale. El mundo no puede esperar más. Y él se merece ser el protagonista de su cuento. A la princesa, mi amor, ya la tiene. Eres tú. Mi princesa. Mi reina.

2/9/18, 09:47 – Mercè: El mundo es mejor cuando sonríes. Podré olvidar muchas cosas con la edad, pero jamás tu sonrisa.
Llenas todo cuando sonríes. Que nadie te haga perderla jamás. Porque tendrá que vérselas conmigo.

2/9/18, 09:47 – Mercè: Te quiero! Os quiero! Gracias por un verano fantástico!

Y por si fueran pocos los mocos que llevo hoy colgado, a media tarde, desde el Grupo creado por los alumnos del Experto Emocional en Centros Educativos de Integratek Barcelona 2017-18, nos dedicamos a lanzarnos frases de ánimo para nuestro primer día de trabajo mañana.

Con el permiso de Pili, la mirada que sonríe al mundo, comparto el vídeo que nos ha pasado.

 

 

Gracias curso 2017-18. Gracias verano 2018. Bienvenido curso 2018-19.

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