Visitas y encuentros. Diferencias y complicidades.

El pasado sábado, fin de semana largo de la festividad del 12 de Octubre, aún aquejada por este raro resfriado que cargamos todos los de casa, decidí no perderme la salida al Museo Egipcio de Barcelona con el grupo Anem, donde colaboro como voluntaria esporádica

Cuando se es voluntario y te comprometes con cualquier entidad, debes dejar de lado algunos malestares y obligaciones que te asaltan a última hora. Al comprometerte,  ellos cuentan contigo para llevar a cabo cualquier actividad, en este caso de ocio. No asistir conlleva que alguno de los usuarios no pueda realizarla. Diferente es cuando se trata de una fuerza mayor; porque por delante del compromiso están los temas personales inevitables que cualquiera puede sufrir.

Hacer el esfuerzo, por llamarlo de alguna manera, de organizarte para poder asistir implica en mi caso en particular, y en casi todos en general, renunciar a estar con tu familia unas horas, organizar tus tareas de modo diferente, etc. Y digo esfuerzo cuando en realidad no lo es; pues lo que recibo compensa con creces esos pequeños cambios o retrasos en otras cuestiones personales que de un modo u otro se acaban haciendo.

Tenía muchas ganas de visitar el Museo Egipcio y era la ocasión perfecta: tarde de un sábado de otoño de agradable temperatura, exposición itinerante del Faraón Tutankamón y la mejor compañía que podía esperar.

Museo egipcio.jpg

El otoño es una época preciosa para hacer escapadas. Por aquí cerca, en el Vallés Occidental, hay innumerables lugares para disfrutar del encanto de los paisajes en esta época. De hecho, nosotros que tenemos un poquito de las tierras del Ripollés, llevamos semanas intentando ir con diversas escusas. La situación y logística familiar no nos lo permiten. Así que Barcelona y su Museo Egipcio son la mejor alternativa a cuatro horitas de la tarde del sábado.

La exposición Itinerante del Faraón Tutankamón es de incalculable valor. Posiblemente no vuelva a tener la oportunidad de verla; al menos tan cerca de casa. Recordaba la época escolar, tanto Primaria como Secundaria, en que las clases de historia me resultaban tan aburridas. Con el tiempo, lecturas superficiales sobre Antropología y Sociología, cuando estudiaba la Diplomatura, empezaron a despertarme el gusanillo de la curiosidad. La escasez de tiempo y la abundancia de obligaciones, trabajo, hijos y abuelos dependientes, no me facilitaron adentrarme en lecturas que fui relegando a un espacio en nuestra pequeña biblioteca, en cajas bajo las camas y entre la vajilla.

Así que, oportunidades cómo ésta me permiten llenar espacios en mi cabeza que estaban, como carpetas de un PC, esperando llenarse de datos, imágenes y aprendizaje significativo. Recorrer un Museo con personas que como yo están allí porque lo deseamos es la experiencia de aprendizaje más fácil y fluida que una mente entrada en años como la mía puede desear. Mirar embobados efigies, manuscritos, duplicados de la Piedra Roseta, pequeñas joyas de valor incalculable, cuerpos momificados que datan de hace miles de años. Comentar y dejar comentar, porque todos sabemos algo que los otros no saben. Porque las memorias diferentes retienen datos diferentes, curiosidades diferentes, valores diferentes. Y que por diferentes son cómplices y complementarias.

Los usuarios que acompañamos el sábado necesitaban silla de ruedas en su gran mayoría. El tiempo destinado a la movilidad es un reto que salvamos con ilusión y compensamos con ironía. Llevamos las gafas de abeja, como dice mi apreciada Mar Romera; y los detalles que uno pierde, otro los recupera. Hay ocasiones que en el merecido café o refresco comentamos la jugada. Ayer hubo lugar para las presentaciones; porque como cada inicio de temporada, caras nuevas van aumentando el número de personas que forman el grupo. Como también aumentan las caras  de los voluntarios. Llegado el momento de las presentaciones somos todos iguales, porque que alguien camine en silla o que yo la empuje no significa que tengamos objetivos diferentes en ese momento. Sino todo lo contrario; todos somos iguales. Todos deseamos compartir, aprender, reír. Vivir.

 

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