Carta a la vida II.

El pasado verano la conocimos. Estaba pasando unos días en la misma casa de colonias donde pasamos una semana inolvidable con Avan en el Cuidem 2 de este año.  

Estaba con sus hijos; yo solo vi a dos pequeños de los cuatro que tiene. Corrían por allí, tras los perros o la pelota. Sara estaba cerca, estaba en todo. Se acercó a saludar a los chicos y chicas de Avan una noche.

Se paró para hablar un rato con todos nosotros y Claudia “andaba” por allí. Y digo andar porque, aunque Claudia va en silla de ruedas, es imparable. Su energía y curiosidad la llevan a estar en continua actividad. Es una gran conversadora aunque tenga dificultades para hablar. Ha aprendido a respirar del modo adecuado para que su voz tome la fuerza suficiente al pronunciar y podamos oírla. Se ayuda de algunos signos; afortunados los que conocen este lenguaje. Es inteligente e inquieta.

Sara se “topó” con Claudia aquella noche del pasado verano. No imaginaba la conversación que con ella mantendría. Sara hablaba en inglés en aquel momento y Claudia quiso conversar con ella en este idioma también. Me resulta difícil explicar lo que aquella conversación significó para mí; más aún cuando debo respetar la intimidad de ambas.

Creo que es suficiente decir que Claudia es una preciosa joven de veintipocos años que no volverá a andar. De Sara, comentar que aquella noche nos iluminó a todos los que allí estábamos. Ella está embarazada de su quinto hijo que será una niña. Como ella misma explica en el correo que me escribió hace unos días (el mismo que con su autorización comparto) su hija nacerá con un handicap.

En aquella conversación, ambas compartieron con los que allí estábamos la tremenda fortaleza con la que se enfrentan a los retos que la vida les ha puesto delante. Sin juzgar ni valorar, porque todas las decisiones personales han de ser respetadas, comparto el correo que Sara me envió recientemente.

Hola.

En primer lugar perdón por tardar tantísimo en contestarte. ¡Qué vergüenza!

Quería agradecerte tu mail con esa sinceridad y profundidad que lo caracteriza. Lo leí hace un montón y cada mañana, antes de leer la Biblia me acuerdo de ti y me propongo escribirte, pero con el ajetreo se me pasa. Así que perdón.

Te envío una fotillo por mail. Estamos embarazados ya de 35 semanas. Ester (nuestra hijita) no tiene muy buen pronóstico, lo que hace difícil el panorama que se nos plantea. Tiene síndrome de Edwards o trisomía 18. No obstante, la amamos mogollón, consideramos que su vida es tan importante como la de cualquiera de nosotros y aunque la pueda faltar salud, lo que no la faltará será amor. Me da penilla que estamos muy concienciados con el mundo de la discapacidad (o por lo menos de cara a la galería), pero con Ester, en cuanto la gente se entera de su porvenir, entienden que su vida no merece la pena y que estaría mejor muerta. También piensan mucho en mí y lo complicada que será la logística hospitalaria teniendo ya 5 churumbeles. Sin embargo, creo que las pruebas te hacen fuerte, no sé por qué a veces parece que nos es necesario sufrir para hacernos más humanos y desde luego, desde que sé lo de Ester, mi perspectiva de la vida ha cambiado y me doy cuenta verdaderamente de lo agradecida que tengo que estar por tantísimas cosas que recibo y sobretodo del amor profundo que experimento sobretodo a través de mi Creador.

Menudo rollete te estoy contando. Me encantó hablar con Claudia y oro por ella. Entiendo que su trasfondo personal es el que la llevó al estado en el que está. Por eso, la importancia de familias fuertes y sanas que den a este mundo generaciones valientes que resistan lo que les venga, que su yo no sea el centro de su pensar e ilusión, que no se crean prepotentes por ser sanos, guapos o de clase media, sino que lo vean como un privilegio para servir a otros no tan favorecidos.

Ester  - ecografía semana 12
Ester – Ecografía semana 12.

Sara dice en las últimas líneas de su correo aquello que siempre intento trasmitir a mis hijos. Gracias Sara por los instantes maravillosos compartidos.