“Si no eres tu ¿entonces quien?

Somos nosotros. Es ahora.

Como nos a pasado ah todos, llegan momentos de la vida, casi siempre en la adolescencia cuando no mucho antes, en que observamos que faltan muchas cosas por hacer, que el sistema chirría, que no hay cabida para los potenciales y las sensibilidades de cada uno de nosotros. Y lo que es peor, también se repite la historia; se repiten la pregunta: “¿Y qué voy a hacer yo solo? ¿Qué  pueden hacer unos pocos? La respuesta es difícil, sí. Porque lo que podemos hacer cada uno de nosotros sería diferente y válido desde la perspectiva de cada uno. Lo que les puede unir es que el objetivo de su “lucha” sea el mismo. Lo que falta encontrar, lo que debemos enseñar a buscar en cada uno de ellos y en nosotros mismo es la motivación. Motivación que nos va a hacer mover, que nos va a hacer luchar por aquello que deseamos para conseguir nuestra idea particular de mundo mejor.

Tenemos dos hijos, muy diferentes en edad, sexo, intereses, fortalezas, debilidades, motivaciones… Desde hace tiempo, el mayor desde su mirada de pre-adolescente, nos trasmite su mirada crítica hacia el mundo, a sus maestros, a sus compañeros, a nosotros sus padres. Y sí, porque no, si tiene razón hay que dársela. No se puede negar lo evidente, y menos cuando sus argumentos son los mismos que están dando grandes expertos en los medios de comunicación y libros de historia que él aún no ha tenido tiempo de leer. Y es que ante la evidencia, la objetividad, uno se siente seguro; no necesita de nadie que le corrobore su opinión, su historia.

Lo que sí continúan necesitando es que alguien les muestre que vale la pena hacer algo; que no es uno solo que ve las cosas. Y hacerles sentir que las hay, que tiene motivaciones suficientes para mover el mundo, para cambiar esas cosas que llevan demasiado tiempo dándose por sentado, sin cuestionarnos el porqué; simplemente porque forman parte de un paradigma que nadie se atreve a cambiar. Y menos, a los que están en él cómodamente instalados.

Hasta hace pocas semanas, pensábamos que eran las típicas dudas y cuestiones de adolescente sensible e involucrado. No. Su hermana, bastantes años más pequeña, chica, sensible también, divertida y melodramática, egocéntrica cuando tiene ocasión, generosa siempre; en su diálogo, que ya no es el de una niña, nos hable en términos de sistema. Tiene muy claro que es lo que no quiere, ya no para sus hijos, éso le queda muy lejos; no lo quiere para ella misma y para los que la acompañan en el camino.

 

 

Gracias Laura. Por todo lo que compartimos.

Doñas y dones. 1ª Parte.

Como ya comenté hace unos días, estoy realizando una formación los martes durante siete sesiones. Se acaba en dos semanas.

Formaciones como ésta me resultan útiles, por llamarlas de algún modo, para: mantenerme en formación continua, a veces con grandes aprendizajes y referentes que me acompañarán el resto de mi vida; desconectar de la vorágine diaria regalándome unas horas para mí; conocer personas entrañables, experimentadas y con enorme sentido común, jóvenes y con aires renovados…

Y lo que más me da qué pensar últimamente: reflexionar sobre mis «viejas» experiencias de aprendizaje, ya sea escolares o laborales. Aquí es donde llego a ellos: a las Doñas y a los Dones de mi vida.

Soy de la generación de la EGB. No acabé BUP porrque debí ponerme a trabajar. Pero ésta ya es otra historia.

Durante mi EGB, y la de mis hermanos, tuve profesoras y profesores los cuáles, como pasa a todo el mundo, nos llegaron al corazón, que sacudieron nuestras emociones. Es cierto que no todos de una manera agradable; pero las movieron. Otros se limitaban a venir a clase.

Era habitual llamarles Don y Doña. Era una norma de cortesía, una manera de entender que en aquella relación, el educador, para hacer bien su trabajo como los padres en casa, debe estar en relación asimétrica con sus alumnos. Vamos, que ellos estaban por encima, con el diálogo, el cariño, la confianza, el humor y el amor como armas a compartir.

He de reconocer que tanto los profesores como los padres, en aquella generación y en la mayoría de las ocasiones, la relación era así. En mi caso en particular, ello fue una ventaja y lo viví con naturalidad, normalidad y, ahora sé, que es la base de la educación tanto en la escuela como en la familia. Lo cual no quiere decir que no tuviera momentos de rebeldía, negación, tristeza, indefensión y aburrimiento tremendos.

Entre todos ellos, recuerdo a la Srta. Mari Carmen, en párvulos. La inolvidable primera maestra. Aquella persona que ya intuye tus posibles potenciales pero que le falta tiempo y manos para atender la diversidad del aula. Ejercía con gran cariño su labor y todos recibimos nuestra dosis de currículum. Si bien es cierto que, como siempre, recibían más aquellos cuyos padres ejercían de “papás tapón” a la salida de la clase. Ignorando a los demás padres que también se preocupaban por sus hijos.

Llegada la primaria; recuerdo a Doña Pilar. Se dio cuenta de las potencialidades de muchos de sus alumnos, incluida yo: artistas, matemáticos… No supo gestionar adecuadamente que sus hijas asistían al mismo centro y fueron siempre el motor de sus elecciones y, lo peor, que modularon su mirada evaluadora. Jamás nadie pudo destacar más que sus hijas porque en casa tenía drama garantizado.

Llegó Don Vicente, que como diría mi marido, ya era anciano cuando le conocí. Entrañable y voluntarioso; a su manera, como podía junto a su mesa, daba ejercicios de matemáticas avanzados a los que tirábamos más y acompañaba con enorme paciencia a los que tenían un ritmo menor.

Doña Montserrat, dulce, tierna, percibía las necesidades de cada alumno. A aquéllos que en casa iban a salto de mata, a los que venían sin desayunar, a los que necesitaban sentirse únicos de vez en cuando, a los que querían pasar desapercibidos pero no tanto. Recuerdo que un día pidió a una alumna que le forrara unos libros. Todavía veo el color del papel, naranja. Esta compañera, hija de una familia del oficio, los forró con gran orgullo y desprecio hacia el resto de compañeros. Más tarde, Doña Mercè pidió a otra alumna que, en privado, le ayudara a arreglar el desaguisado que le habían hecho con el papel naranja y el aironfix.

En quinto, Don Horacio, elegante, serio… fumador. Profesor de lengua y literatura. Estricto y con un fino sentido del humor. Todavía de la época en que los padres ofrecían detalles a los profesores de sus hijos y, también, les vendían coches. No hace falta  decir hacia quiénes sentía una mayor estima. Recibí de él las mejores clases de lengua castellana y literatura; aprendí a hacer comentarios de texto que ni en BUP sabían hacer los alumnos que venían de otros centros. Me dio grandes sacudidas emocionales, dejándome en evidencia, zarandeándome con sus reflexiones. No supo ver que yo necesitaba otras cosas; que de literatura ya me lo había enseñado todo. Consiguió encerrarme en el mundo dónde sólo hablan los que llevan regalos a los profesores; los que te copian los deberes en tu casa y luego dicen que son suyos; y no los que como yo, nos dejábamos hacer.

Hubo otra profesora, Maria Mercè se llamaba. Intentó cambiarme el nombre porque otra compañera se llamaba Mercedes como yo. Le resultaba más fácil llamarme como ella, Maria Mercè. Fue de las pocas veces en que hice sentir mi voz, y no para contestar preguntas de rigor. Mi nombre era Mercedes o Mercè; lo de Maria era un invento suyo. No pensaba contestar a su nombre por bonito que a ella le pareciera. Era éso, el suyo, no el mio. Al menos consiguió hacer algo provechoso conmigo. Sentaba a mi lado a aquellos compañeros que le daban la “murga” porque no llegaban al nivel, eran algo movidos o, vete a saber por qué. Recuerdo aquellos momentos con gran cariño; compañeros de clase que sentados a mi lado me llenaban de risas, ternura y agradecimiento. Nos redescubríamos como desconocidos en un ascensor. Gracias Gervasio, Cecilio, David…

 

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Colegio Nacional Francia – Terrassa

Y ésto sólo fue la primera etapa de EGB.

 

 

TEORIA DE LA MENT EN EL TEA.

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Educatio

Exquisita formación a cargo de María Llorente, licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, es socia fundadora del Equipo Deletrea, centro especializado en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos del espectro autista y trastornos específicos del lenguaje. Su actividad profesional se centra en el trabajo con personas con TEA y TEL, así como en la formación de profesionales a través de cursos impartidos en centros educativos, programas de formación universitarios y participación en diferentes conferencias y seminarios.

El niño al que se le olvidó cómo mirar.

Juan MartosMaría Llorente.

 «El niño al que se le olvidó cómo mirar» es una de las historias que se cuentan en este libro sobre el autismo. Historias que nos muestran que esta alteración del neurodesarrollo requiere de una observación y comprensión profunda. A partir de una adecuada interpretación de las conductas observables, nos descubren una serie de estrategias de intervención e invitan a padres y educadores a ponerlas en práctica.

 

Richard Gerver.

“Descubrir lo que le apasiona a tu hijo le llevará lejos”.

A todos los padres educadores y educadores padres.

Formador@s y formador@s.

Hace unas semanas empecé un curso de ICE en la UAB. Es una maravilla, no solo por lo que disfruto aprendiendo, compartiendo, escuchando, ahora hablando y, también, aburriéndome.

Se realiza en una aula del conjunto formado por el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona. Y es una de las maravillas para todos los sentidos  que antes menciono. Disfrutar de un paseo por su interior y por sus jardines son el mejor prólogo para una formación cualquiera.

Se trata de un conjunto modernista situado en Barcelona y que fue proyectado por Domènech i Montaner; y construido entre 1902 y 1930 en dos fases. Está reconocido con diversos premios y como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.

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El tema del curso es lo de menos, y tampoco entraré en los detalles de la organización ni en la valoración de las formadoras y formadores.

Como siempre que me implico en un proceso formativo, las reflexiones y las conexiones con las experiencias vividas se producen inevitablemente. Estos pensamientos están “provocados” por las preguntas de los formador@s que conducen el curso, en un modesto intento motivador por conocer nuestra formación, personalidad, intereses, fortalezas, debilidades, pretensiones… 

En algunas ocasiones, he topado con formador@que no saben reconocer en sí mismos estos aspectos; hay unos cuántos. De saberlo, no estarían dando formación. En otras tantas, aunque lo intentan, no saben apreciarlas en los ávidos «alumnos»,  que tras la pertinente jornada laboral, esperan aprender muchas cosas nuevas, que para ello hemos pagado. Pues no, no siempre pasa.

Y si las descubren, llegan a ignorarlas, sea el caso que les quiten el protagonismo o no sean capaces de contestar a sus preguntas. Eso sí; en el libro que presentan durante la primera sesión, después de dejarnos plantados durante tres horas sin ningún tipo de explicación; en el libro que publican está todo perfectamente explicado.

Porque una cosa es saber y otra muy diferente es saber explicarlo.

De vuelta.

Ayer, volvía a casa a media tarde y me encontré con un vecino. De los de siempre; de aquellos que las circunstancias personales nos han llevado a cruzar escasas palabras y típicas conversaciones de ascensor.

Éste, al cruzarse conmigo, me hizo el esperado comentario «Ya se acaban, ¿no?» Yo que caminaba como siempre, y más recientemente, organizándome las últimas horas del  lunes festivo en Catalunya (Pascua), le contesté: «Aún hay tiempo de hacer un montón de cosas». Él, persona discreta y poco expresiva, hizo un leve gesto y un parco comentario que pude interpretar como de sorpresa. Creo que pensó que hay que estar loca para pensar en hacer muchas cosas a escasas horas de retornar a la rutina después de cuatro días, para la mayoría, de descanso.

No me expliqué bien; bueno, en realidad, no me expliqué. Y, también es cierto, él hizo suposiciones; digo yo. Porque no me refería a ir a ningún sitio a tomar el último refresco, ni a poner la última lavadora, ni a preparar la comida de mañana, ni a organizarme la bolsa del trabajo, ni a repasar mi agenda de cosas pendientes … Que sí, que también. Me refería a mirar él último episodio de la serie que sigo a trompicones; leer algunas páginas del libro que llevo entre manos; jugar a la aplicación de Pasapalabra con Marta que está pochita; perseguir a Tuti y Cuchipú, nuestros hámsters, por el pasillo de casa… y un montón de cosas más.

Y olvidaba una importante: aburrirme un rato.

ciudad de las artes
Ciudad de la Ciencia y las Artes de Valencia.
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App de Pasapalabra.

 

tuti i cuchipu
Tuti y Cuchipú.

 

 

 

 

 

Doctor@s y doctorcill@s.

La vida te pone en el camino personas y personajes. Por suerte, podemos decidir que nos acompañen o tirarlos de nuestro vagón.

Algunos los recuerdo con gran cariño: Dr. Josep Maria Lain y enfermera María; Dr. Marcet; Dr. Fresnadillo e hijo Albert; Dr. Pàmies; Dra. y amiga EvaTarrats; Dentista y familia Artur e hijas Montse y Gemma, cuñada Ana y esposa; Dr. Gascón Barrachina y enfermera Susana. Éste últimos, en mayúsculas. Otr@s cuyo nombre ya no recuerdo y que prefiero no recordar: de cabecera, psicólog@s clínicos, no clínicos, de urgencias. De nombre doctor@s, que no de oficio.

Han estado ahí cuidándome y, ahora también lo sé, cuidándolos. Porque llamas y lo dejan todo, incluso desde el aeropuerto camino de una conferencia; humildes. Porque te abrazan y lloran contigo; familia. Porque os reís a carcajadas juntas; amigas y hermanas. Porque la vida les da terribles golpes y no pierden la sonrisa; humanos. Porque dan consejos cuando los pides y cuando no, te escuchan; tías.

Porque me dan la mejor medicina; ser y estar a mi lado en los momentos importantes de mi vida. Cuando hay luz, en el nacimiento de mis hijos; y cuando hay oscuridad, en ocasiones.

Dr. Lain. Ginecólogo.
Dr. Lain. Ginecólogo.
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Dr. Gascón Barrachina. Psiquiatra.

 

 

 

Ciudad de las Ciencias y de las Artes. Valencia.

Una gran amiga dice que no son casualidades, que son causalidades.

Estos días de descanso, hemos disfrutado de una pequeña escapada a Valencia a la Ciudad de las Ciencias y de las Artes. No había nada planeado. Sólo ganas de descansar, juntos, en familia; mirar una película, leer, tomar un café con leche bajo el sol, pasear.

Pero a veces, conversaciones de “ascensor” te encienden la chispa de la curiosidad. Y es que, tengo que reconocerlo, últimamente se me enciende con más facilidad de la habitual. Así que en un “plis plas”, con cuatro datos, dos números de teléfono que ya no existen, una aplicación que hace reservas y una página para comprar entradas, monto un par de días en Valencia. No es porque lo haya montado yo, que también, pero no ha podido salir mejor. Miento. Faltaba Adrià, mi hijo, que ha tenido que quedarse con su abuelo. Por suerte, él ya ha disfrutado de su descanso en Cartagena con sus compañeros de atletismo en la concentración de talentos organizada por la Federación Española de Atletismo.

Marta, Jordi y yo hemos disfrutado como enanos. Y es que resulta fácil cuando, recordando el último libro de Francesco Tonucci que he comprado “Con ojos de niña”, miramos el mundo como tres niños: la que aún lo es, Marta; el hombre que jamás ha dejado de hacerlo; y yo, quien escribe, y que gracias a las circunstancias de la vida, vuelvo a mirar el mundo como nunca debí de dejar de hacerlo. Porque tras un “apagón emocional”, los sentidos funcionan mejor que antes. Bienvenidos los “apagones” si sabemos “encender” rodeándonos de aquéllos que nosotros decidimos, que nos aportan, que nos suman, que nos multiplican, que nos dan, que nos dejan dar, que nos quieren, que nos odian, que nos hablan, que nos escuchan, que nos abrazan, que nos regañan, que siempre están ahí. Y alejándonos de los que pretenden todo lo contrario.

Porque con “ojos de niña” se mira diferente, se saborea mejor, se duerme como un tronco, se ríe como una “loca”, se juega con una caja, se disfruta del sol y de la arena, se cambia el mundo. Porque con los ojos de Marta me siento feliz. Gracias cuchipú. Chica de telenovela, de arrebatos, de besos y abrazos, de bailes y pelotas de fútbol, de despistes organizados, de organización despistada.

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Gracias Mari Carmen. En estos momentos especiales; de cambios para ambas en sentidos diferentes; casualidades o causalidades.